Además de reproducirnos, las personas tenemos el deber moral de vivir a través del arte

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Venecia. Venecia.

¿Qué sería de nosotros sin los museos?, se pregunta el director de cine Alexander Sokurov en Francofonía, himno a la belleza en el que el Louvre es el símbolo de una cultura europea que ve como último bastión frente a los yihadistas destructores de patrimonio.

En competencia en la Mostra de Venecia, Francofonía es un monólogo de cerca de hora y media de Sokurov, León de Oro en 2011 por su película Fausto. La nueva obra no es película de ficción ni documental, sino un verdadero ovni cinematográfico.

Hacer esta película fue una necesidad crítica y categórica absoluta, porque nosotros, los seres humanos, no sólo tenemos la necesidad fisiológica de reproducirnos, sino también el deber moral de vivir a través del arte, y los museos son la ilustración de eso, declaró el realizador.

Francofonía abunda en relatos sobre la historia arquitectónica del Louvre y en travellings de algunas de las obras más conocidas: La balsa de la Medusa, de Géricault; La libertad guiando al pueblo, de Delacroix; la Gioconda, de Leonardo Da Vinci; la Victoria, de Samotracia; los toros alados de Khorsabad o la Coronación de Napoleón, del pintor Jacques-Louis David.

Viaje por obras conocidas

También hay diálogos entre el autor y Napoleón. Yo traje aquí todo. Todo. ¿Para qué habría hecho la guerra, si no es por el arte?, exclama el emperador, recordando que él hizo del Louvre un museo nacional y lo enriqueció con las obras expoliadas en Egipto, Italia y otros lares.

A las imágenes actuales, en las que se ve también a Marianne, símbolo de la república francesa, caminando por el museo y repitiendo Libertad, igualdad, fraternidad, se añaden fragmentos de películas de la Segunda Guerra Mundial, rodadas bajo la ocupación alemana.

En esa época, por decisión de su director Jacques Jaujard, el Louvre fue vaciado y 6 mil cajones con los tesoros más valiosos fueron guardados en castillos de diversas provincias de Francia.

La relación de confianza de Jaujard con el conde de Metternich, responsable de preservar el patrimonio artístico en los países bajo ocupación nazi, es uno de los puntos fuertes de Francofonía, la única parte estrictamente de ficción de la película.

Por miedo a los saqueos y la destrucción, Metternich se negó a devolver las obras a París, pretextando la carga burocrática que eso implicaría. Ese acto lo salvaría de ser condenado en el momento de la liberación, e incluso fue condecorado con la Legión de Honor, con el apoyo de Jaujard.

Francofonía busca homenajear esa resistencia y al mismo tiempo evidenciar la cultura dominante estadunidense y sobre todo a la barbarie del grupo Estado Islámico, que ha destruido varios tesoros arqueológicos en Palmira, Siria.

Sokurov, de 64 años, asegura que los yihadistas son “animales, monstruos. Tengo más en común con un lobo de Siberia que con ellos.

Que Dios me perdone, pero deseo que sean aniquilados, porque ahora está claro que se trata de ellos o nosotros, añadió.

El objetivo de la película, explica el director, es abordar cierta tendencia universal a celebrar la cultura francesa, aunque esté en declive. Si no hacemos nada por defenderla, dentro de poco ya no existirá.

El clan, de Trapero

Por otro lado, la película argentina El clan, de Pablo Trapero, fue recibida este domingo con aplausos por la crítica en el festival, en el que compite por el León de Oro.

La cinta aborda la estremecedora historia de la familia Puccio, que en los últimos compases de la dictadura argentina (1976-1983) y en los primeros años de democracia se dedicó al secuestro por dinero, asesinando a algunas de sus víctimas, que en parte eran conocidos de los propios plagiadores.

Producida con el apoyo de Pedro Almodóvar, El clan es la primera de las dos cintas en español que concurren por el León de Oro. en Venecia se mostrará otra producción del país sudamericano: Zonda, el folclor argentino, dirigida por el español Carlos Saura.

Información y foto La Jornada.

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