Afirman topos que militares obstruyen su labor de rescate

  • Surgen disputas porque algunos grupos pretenden cobrar
Fuera del edificio ubicado en la calle Enrique Rébsamen 241, en la colonia Narvarte, los topos expertos analizan cómo proseguir las labores de rescate. Foto: Yazmín Ortega Cortés.

Fuera del edificio ubicado en la calle Enrique Rébsamen 241, en la colonia Narvarte, los topos expertos analizan cómo proseguir las labores de rescate. Foto: Yazmín Ortega Cortés.

Anoche no me mataron porque les di lástima. Me echaron encima dos soldadotes como de 1.90 y me sacaron. Habla Roberto Hernández, jefe de uno de los grupos de los célebres topos, los heroicos rescatistas que emergieron de las ruinas en 1985.

Hernández, que encabeza el grupo llamado Topos México, ha trabajado en varios edificios que se colapsaron el martes. El incidente que refiere ocurrió en el edificio de Álvaro Obregón 286, en la Condesa, que se vino abajo por completo y donde hay abultadas listas de rescatados y desaparecidos.

En las noches nos han sacado los soldados, se queja.

–¿Qué argumento les dan?

–Nada, que en las noches no se trabaja.

Hernández, con larga trayectoria de rescatista en México y otras partes del mundo, dice que la noche del miércoles les llegó una planta de luz, prestada por un ejecutivo de Telmex, que echaron a andar, pero los elementos del Ejército sólo la dejaron trabajar hasta medianoche. Dijeron que hacía mucho ruido y la apagaron.

Antes que difuminarlas, la tragedia ha propiciado que se agudicen las divisiones y enconos entre los distintos grupos de rescatistas conocidos con el nombre paraguas de topos.

Este día circula profusamente un video en el que Héctor Méndez, El Chino, uno de los más antiguos y sólidos rescatistas, desacredita al resto de los grupos con el argumento de que piden dinero a las familias de las personas atrapadas. En el video, El Chino solicita que todo el trabajo debe ser solidario y fraternal y pide que no se entregue ni un centavo a ningún sinvergüenza chacal, y enlista a organizaciones como Topos Tlatelolco y la liderada por Hernández, a quien le parece normal que haya “tantos grupos de topos como equipos de futbol”.

Es probable que exista una disputa por los recursos, cierto. Pero lo seguro, en medio de la tragedia, es que todos los topos se juegan la vida entre los escombros.

Así, mientras el debate sobre las donaciones se desata en las redes, algunas organizaciones sociales se hacen eco, vía un comunicado, de la postura de Topos México, que recuerdan que en 1985 fueron los colectivos y los ciudadanos de a pie los que no claudicaron en la búsqueda de desaparecidos. Hoy, según ese texto, sucede lo mismo, puesto que el Ejército “está metiendo maquinaria pesada para acelerar el proceso de escombros, (pero) no se coordinan con los topos en las tareas de rescate y su prioridad no es la búsqueda de personas”.

En el comunicado se asegura que no es necesario usar maquinaria pesada, pues antes se requiere verificar que se ha rescatado al mayor número de personas.

El caso es que luego de que su denuncia encontró eco en las redes sociales, Hernández recibió una llamada del subsecretario de Gobernación, Roberto Campa, quien le aseguró que de ninguna manera se ordenaría la entrada de maquinaria pesada a los lugares donde aún trabajan los rescatistas.

El topo Hernández, quien ha trabajado en desastres en otros países, asegura que el personal militar con el que han topado en este desastre de la Ciudad de México no está capacitado para la atención de emergencias y sólo se dedica a impedir que los verdaderos rescatistas trabajen.

“Los soldados se la pasan diciendo ‘hay fuga de gas’ y ‘es que se mueve mucho’. ¡Pues claro que hay fugas de gas, y claro que el sitio de trabajo es inestable, siempre hemos trabajado así! Y ellos no le entran a la chamba.”

Hernández afirma haber participado, el 19 de septiembre pasado, en el rescate de tres mujeres en el edificio que se derrumbó en Lindavista. Luego, agrega, recorrimos seis lugares donde no nos dejaron trabajar.

Roberto Hernández reitera que el personal militar no está capacitado para tareas de rescate y que tampoco le están los binomios caninos. Ayer los perros de los militares defecaron sobre los escombros del edificio de Álvaro Obregón. Eso prueba que los animalitos no están bien entrenados.

Mientras los topos pelean y el gobierno federal hace su control de daños por el caso de Frida Sofía, los jóvenes mexicanos abandonan etiquetas a fuerza de solidaridad.

El gobierno de Miguel Ángel Mancera solicita, vía la Secretaría de Gobierno, la donación de equipos. ¿Por qué no los compran?, le espetan en las redes.

Basta un recorrido por los parques México y España, de la colonia Condesa, para confirmar que el verdadero C5 está aquí y no en Balbuena, despacho de emergencia de Miguel Mancera.

Los jóvenes capitalinos han convertido su espacio de antro en un lugar para la solidaridad. Un grupo organiza el envío de víveres y la lista de voluntarios que irán a Morelos. Más allá, frente a los bares donde han dejado sus noches, los muchachos juntan, clasifican, organizan. Bajo unas carpas hay montones de palas y cascos. En el lugar favorito de pizzasse ofrece Internet y frente a la estética hipster se arman carretillas para el desalojo de escombros. ¡Un doctor, un doctor!, gritan, y en tres minutos aparecen seis médicos. Detrás de ellos otro grupo de muchachos, de la tan vilipendiada generación millenial,ofrece apoyo sicológico, siquiátrico y de tanatología.

Mancera, mientras tanto, balbucea respuestas en la radio y ordena, en la Gaceta Oficial, que todos los empleados de su gobierno se presenten y se pongan a las órdenes de los comités de protección civil en cada dependencia. Este reportero vio llegar a un numeroso grupo de la Secretaría de Desarrollo Social y escuchó el diálogo que sostenían:

–¿Y qué vamos a hacer?

–Pues bola.

Fuente: La Jornada.

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