“Armstrong quería bajar a la Luna pasara lo que pasara”

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Cuando el Apolo 11 alunizó el 20 de julio de 1969, la NASA dijo a los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin que tenían que dormir. “Llevo años preparándome para esto, 400.000 kilómetros recorridos, he bajado a la Luna con ciertas dificultades y ¿ahora me dices que tengo que dormir?”. Esta fue entonces la reacción de Armstrong, según recuerda Carlos González, uno de los pocos técnicos españoles contratado por la NASA para participar en la misión.

González controló las comunicaciones del Apolo 11 desde la estación de seguimiento de Fresnedillas de la Oliva (Madrid) junto al ingeniero español José Manuel Grandela, que tenía solo 23 años cuando la NASA le contrató para participar en la misión. Este martes ambos han rememorado la llegada del hombre a la Luna en un acto celebrado en el Centro de Astrobiología con motivo del estreno de la película El primer hombre, que narra la historia de Neil Armstrong.

Trailer de ‘El primer hombre’. UNIVERSAL PICTURES
 

“Teníamos una posición de privilegio porque escuchábamos las transmisiones entre Houston y el Apollo 11 antes que nadie”, ha recordado González. Estos españoles fueron los primeros en escuchar las palabras con las que Armstrong confirmó que habían aterrizado en la Luna: “The eagle has landed” (El águila ha aterrizado).

“Aquel día Armstrong quería bajar a la Luna pasara lo que pasara”, ha contado González. Hubo varias situaciones críticas en las que la misión estuvo en riesgo. A la hora de aterrizar, Armstrong se dio cuenta de que estaban sobrevolando puntos de superficie cuatro segundos antes de lo previsto y que eso le obligaría a aterrizar unos ocho kilómetros más lejos de lo calculado. “Houston le propuso abortar la misión pero Armstrong tomó el control semiautomático y con Buzz Aldrin dándole datos de altitud y velocidad, alunizó con combustible para menos de treinta segundos”, ha subrayado González.

Carlos González y José Manuel Grandela.
Carlos González y José Manuel Grandela.
 

“Cuando la NASA les permitió abandonar la nave, Armstrong se puso su traje, que en la tierra pesaba 80 kilos, y su mochila de supervivencia. Después, despresurizó el módulo lunar, abrió la escotilla y, al intentar salir, se tropezó en dos ocasiones. Entonces se preguntó: ¿Cómo es posible que haya hecho esto 300 veces en el simulador y ahora tropiece?”, cuenta González.

Este español también tenía acceso a las constantes vitales de los astronautas. A Armstrong, según recuerda, “le empezaron a subir las pulsaciones” al ver que no conseguía abandonar el módulo lunar. Pero finalmente lo consiguió.“Es un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad”, dijo entonces el astronauta.

Hasta que Aldrin pisó la Luna pasaron 17 minutos, según afirma Grandela. El astronauta, sostiene el ingeniero, se dio cuenta de algo que aparentemente se les había pasado por alto a los ingenieros que construyeron la nave: “La escotilla no tenía manillar por fuera y pese a que allí no hay corrientes se quedó buscando algo por si acaso para poner en la puerta y evitar que se cerrara”.

La carrera espacial

Esta misión fue un hito importante para EE UU en la carrera espacial con los soviéticos. José Manuel Grandela afirma que “la NASA tenía un programa ambicioso”: “Quería enviar 20 misiones a la Luna y luego crear allí un lugar habitable”. Pero en diciembre de 1972 el proyecto de la NASA quedó paralizado. Los astronautas del Apolo 17Eugene Cernan y Harrison Schmitt, fueron los últimos en pisar la superficie lunar el 11 de diciembre de 1972.

Ya han pasado 45 años desde que un humano aterrizó en la Luna por última vez. “Pero gracias a las misiones Apolo y a las muestras que trajeron de la Luna, hoy tenemos una idea de cómo se formó y del origen del sistema solar, una información que ha sido la base de toda la ciencia posterior”, ha asegurado el director del Centro de Astrobiología, Miguel Hesse. Además, según ha explicado Grandela, ese hito sirvió para generar toda una “avalancha de inventos en ingeniería, informática, materiales o combustibles de los que hoy se beneficia toda la humanidad”.

“Ahora el objetivo a medio plazo, de aquí a como mínimo unos 20 años, tiene que ser ir a Marte”, afirma Hesse. Pero, según señala, sería conveniente volver antes a la Luna: “Una misión lunar es más sencilla y barata y permite probar nuevas tecnologías y sistemas de supervivencia antes de enfrascarse en una misión compleja como es ir a Marte”. González afirma que “la nave con la que se viaje al planeta rojo tiene que ser inteligente, para repararse o decir a quienes vayan dentro cómo hacerlo sin necesidad de asistencia de la Tierra”.

Información El País. 

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