Caravana de contrastes

Jorge Durand

Un grupo humano de miles de personas por naturaleza es heterogéneo, diverso, contrastante. En las caravanas de migrantes hay hombres, mujeres, niños y familias que transitan juntos, dan la cara y demandan solidaridad ante una situación de crisis humanitaria y política. No piden permiso a los gobiernos, conocen sus derechos individuales y sociales, marchan de manera compacta y organizada y han logrado la atención de los medios de comunicación. Es quizás el primer y gran contraste con la migración clandestina, de migrantes que se ocultaban y evadían los controles.

La inmensa solidaridad y las expresiones xenofóbicas son otro gran contraste. Primero se hizo sentir en las redes sociales y ahora se confrontan, en Tijuana, de manera verbal y directa en manifestaciones de apoyo y rechazo.

De acuerdo con la base de datos de la primera caravana, llegaron a Guadalajara, el 13 de noviembre, 6 mil 11 migrantes, de los cuales 65 por ciento eran hombres adultos y 20 por ciento mujeres. En cuanto a los menores de edad se calcula que 8 por ciento eran hombres y 7 por ciento mujeres.

Se identificaron como responsables de familia a mil 310 personas; en algunos casos transitaban padres o madres con sus hijos y en otros parejas con hijos (Universidad de Guadalajara, Federación de Estudiante Universitarios).

También hay que considerar a la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) que entra en la contabilidad general, pero que viaja como un grupo compacto y organizado. En Jalisco, en la caseta del El Arenal, que-daron cerca de mil 150 rezagados que durmieron a la intemperie, entre ellos unas 60 personas pertenecientes a este colectivo.

Sigue siendo mayoritaria la presencia de hombres, especialmente de jóvenes. Pero en la caravana viajan niños menores de un año que tienen que ser llevados en brazos y algunas personas mayores, varias reportaron tener más de 60 años. Se contabilizaron también a cuatro mujeres embarazadas. El promedio de edad en quienes conforman las caravanas de migrantes centroamericanos es de 25 años. Si bien los extremos son los de la primera infancia y los de la tercera edad, el grueso de los migrantes se concentra entre los 15 y 35 años, lo que anteriormente considerábamos como migración laboral que ahora busca acceder al refugio.

A medio camino, entre la frontera sur, en Chiapas y la del norte y más lejana, en Tijuana, 80 por ciento de los migrantes mostraba buena salud. Las dolencias reportadas eran respiratorias en primer lugar, luego estomacales, algunos con dolor de muelas o molestias musculares y un caso de apendicitis. El saldo negativo es un migrante que recibió el impacto de una bala de goma en uno de los enfrentamientos con la policía mexicana, y otro que cayó de un vehículo y fue atropellado. Al parecer, murió otro atropellado en la Rumorosa, en la carretera que va de Mexicali a Tijuana. Pero no se reportaron abusos, asaltos, secuestros, extorsiones o violaciones, que eran el pan de cada día para los migrantes que transitaban por México.

En cuanto a la nacionalidad también hay contrastes. La caravana es mayoritariamente hondureña (83 por ciento) y centroamericana: guatemaltecos (8.8 por ciento ), salvadoreños (6.5 por ciento), nicaragüenses (1 por ciento), además un beliceño, otro de Costa Rica y uno más de Panamá. Pero también transitaban sudamericanos: un boliviano, un chileno, tres colombianos dos ecuatorianos, un peruano y dos venezolanos; incluso 29 que dijeron ser mexicanos.

La caravana hondureña responde a un contexto social y económico local, pero también a un entramado político. Lo que anteriormente fue revuelta, guerrilla y revolución en Centroamérica, ahora se manifiesta como éxodo masivo. La caravana, como respuesta personal y colectiva, es también protesta política al fraude electoral en Honduras.

Contrasta también una masa mayoritaria movilizada y grupos dirigentes de muy alto nivel, de rangos intermedios con experiencia en anteriores caravanas y cuadros de la base fogueados en el propio devenir de la caravana. La decisiones suelen tomarse por la dirigencia y plantearse o corroborarse en asamblea.

Ésta ha logrado dialogar y negociar con niveles altos del gobierno mexicano, la ONU y los gobiernos locales. No todas sus negociaciones y demandas han sido exitosas, pero han llegado a su destino: Tijuana. Ahí se han topado con el muro, con una frontera y una política migratoria que se juega el todo por el todo.

El futuro de la migración en caravana, depende de lo que suceda en los siguientes días, quizá semanas. La frontera sur y la política migratoria del gobierno mexicano cedió ante el empuje decidido de la primera caravana. La frontera con Estados Unidos, especialmente la de Tijuana San Ysidro, tiene un muro difícil de franquear, un gobierno que no quiere negociar y que es difícil de doblegar.

En el asalto final a un fuerte sitiado, por miles de personas desesperadas, cansadas y dispuestas a cualquier sacrificio, se pueden imaginar varios escenarios: se encuentra alguna opción y una salida negociada; se prosigue con una política de intransigencia, desgaste y cansancio para forzar la retirada o se irrumpe en la entrada con consecuencias imprevisibles.

Fuente: La Jornada.

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