Dejamos la mesa puesta: PRI; México está en ruinas, revira Morena

 

  • Entre porras, gritos y abucheos empieza sesiones la 64 Legislatura
  • Cuando Ruiz Massieu enumera logros del gobierno la interrumpen con cuenta de los 43
  • Es la noche de los cínicos; el voto fue contra las reformas, dice Mario Delgado
  • Nos legan la casa muy sucia, por más que la pinten de blanco, reprochan a la dirigente priísta

13.-pri

El coordinador de la mayoría en la Cámara de Diputados baja en hombros de la tribuna. La ovación de los morenistas se prolonga hasta que llega a su lugar, en el centro del salón de sesiones, el sitio predilecto de la burbuja, como se conoce al punto donde se sientan el coordinador de la bancada mayoritaria y los legisladores más influyentes: ¡Mario, Mario, Mario!, echan porras los diputados de Morena, duramente criticados en estos días por corear ¡Obrador, Obrador! (la memoria política es tan flaca que a los críticos no les alcanzó para recordar los ¡Peña, Peña, Peña! de hace seis años).

Mario Delgado, colimense, antiguo colaborador de Marcelo Ebrard aunque hace tiempo dejó de ser parte de cualquier grupo que encabece el ex jefe de Gobierno, es rudo en un discurso de izquierda, un tono que no le es natural –es más un tecnócrata que un tribuno de la siniestra– pero que resuelve con eficacia.

El blanco de Delgado es Claudia Ruiz Massieu, la presidenta del PRI, quien poco antes subió a la tribuna en representación de las escuálidas bancadas del tricolor para decir, en pocas palabras, que su partido es tan grande que se despide dejando la mesa puesta al siguiente gobierno con las reformas estructurales. Firmes cimientos para que los morenistas construyan, podría resumirse el discurso de la sobrina de Carlos Salinas.

Entregan un país en ruinas; esta es una noche de los cínicos, responde Mario Delgado. Y más: La gente votó contra las reformas estructurales.

Es de suponerse que Delgado excluye de ese juicio a la reforma educativa que él, como senador, votó a favor. Pero no. Más adelante reiterará: Impulsaremos una verdadera reforma educativa de la mano de los maestros (deshacer en la cámara baja lo que hiciste en la cámara alta, se llama el juego).

Ruiz Massieu sólo mencionó una vez, y como por no dejar, al presidente Enrique Peña Nieto. Ni falta que hacía. La encendida defensa de Peña había sido hecha en el arranque de la sesión y corrió por cuenta de Carlos Puente, quien en nombre de ese club de mirreyes llamado Partido Verde dijo que el liderazgo de Peña sólo tiene espejo en el de Andrés Manuel López Obrador. ¡No compares!, le gritaron desde la bancada de Morena una de las muchas veces que fue interrumpido.

La eficaz oratoria de Ruiz Massieu no se corresponde con la fuerza legislativa de su partido, que tiene lugar en la mesa directiva sólo gracias al éxodo de legisladores del Partido del Trabajo (PT) hacia Morena. Ni con los resultados electorales del tricolor ni con la valoración social de una marca que incluso Peña Nieto sueña desaparecida.

Pero Ruiz Massieu no está para empequeñecer más a su vapuleado instituto: Somos un partido, seremos una oposición valiente, crítica y constructiva, jamás testimonial ni abyecta ni complaciente. Y más, ya instalada en la soberbia de quien no termina de asimilar el golpe, presume frente a los desconocidos de Morena: Representamos el mayor oficio político y parlamentario del país. Tómenla, novatos.

Con una carpeta enorme bajo el brazo, que documenta todas las veces que los legisladores del tricolor rechazaron iniciativas de Peña Nieto, la presidenta del PRI sigue con las lecciones a Morena: “Ustedes pertenecen al partido que gobernará, pero pertenecen a un poder autónomo e independiente, en una democracia auténtica como la que ustedes prometieron, el Poder Legislativo es contrapeso y eso incluye a los grupos parlamentarios oficialistas…”

El acuse de recibo de Morena son chiflidos, mentadas y, finalmente, el conteo del uno al 43 que recuerda simultáneamente a los estudiantes de Ayotzinapa y la crisis de derechos humanos que deja el partido responsable que se despide del poder.

Memorias de Muñoz Ledo

Cuando da lectura a su mensaje de presidente de la mesa directiva, Porfirio Muñoz Ledo arrastra la edad en las palabras. Pero cuando se trata de esgrima legislativo, de conducir la asamblea, la vitamina del poder hace lo suyo y vuelve el político sagaz, el que ha visto pasar –muchas veces como actor central– la historia reciente.

Aquí, recuerda el ajonjolí de todos los moles, se dio el primer reclamo frente al presidente y en contra del grotesco fraude de 1988. Aquí, en San Lázaro, en 1997, se vivió el fin de la mayoría del PRI, un momento luminoso que luego fue anulado por la frivolidad y la entronización de la partidocracia

Antes de la sesión, la llegada de los coordinadores parlamentarios o de los legisladores con fama convoca cámaras y micrófonos. El actor Sergio Mayer compite en reporteros interesados con el coordinador de los senadores Ricardo Monreal.

Miguel Ángel Mancera, coordinador de la pequeña bancada de un partido al que no ha tenido la gentileza de afiliarse, llena de lugares comunes las grabadoras de los reporteros: no seremos un obstáculo innecesario, afirma, en su afán de agregar definiciones a la jerga parlamentaria.

Ya instalada la sesión, el primero en solicitar la palabra es Gerardo Fernández Noroña, quien en su moción de orden solicita que Peña Nieto sea llamado a comparecer ante el Congreso, puesto que entregar el Informe por escrito es una ofensa a esta soberanía. Muñoz Ledo lo batea con facilidad.

Sigue en el micrófono Emilio Álvarez Icaza, quien solicita el uso de la tribuna para hablar en nombre de los legisladores independientes. Usted no es independiente, es senador sin partido, le dice Muñoz Ledo.

El ex alcalde de Metepec, el petista Óscar González Yáñez, sale al ruedo para apoyar a Álvarez Icaza. En el PT siguen enojados porque muchos diputados que llegaron bajo su bandera se pasaron a Morena. El berrinche agarra forma en la tribuna cuando el PT decide donar tres minutos de su tiempo a Álvarez Icaza, quien los dedica básicamente a pegarle a Peña Nieto y su desastrosa herencia. Ruiz Massieu rechazará poco después las amarguras personales del ex directivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Más con afán de figurar que por convicción profunda, el diputado perredista Antonio Ortega –hermano de Jesús, del mismo apellido– le reprocha a Muñoz Ledo haber concedido la palabra a Álvarez Icaza y algo dice de perderle el respeto.

Creo que el respeto que usted me tenía era demasiado frágil, responde Muñoz Ledo en medio una risotada general.

Dante Delgado, dueño de Movimiento Ciudadano, explica, como para sí mismo, lo que significa ser oposición en tiempos de la cuarta transformación.

El panista Juan Carlos Romero Hicks considera decimonónico el anuncio de los delegados estatales de López Obrador, aunque luego afirma que corresponde al siglo pasado. Eso sí, reconoce a sus oponentes cuando expresa una felicitación sincera a la izquierda mexicana y sus forjadores por esta victoria.

Tanto Muñoz Ledo como Delgado hablan de equilibrio y división de poderes, de un Congreso digno y vigilante del poder. Falta por ver si se hacen realidad las palabras de Muñoz Ledo, pronunciadas no ayer, sino en la misma fecha de 1997: “A partir de hoy, esperamos que para siempre, en México ningún poder quedará subordinado a otro’”.

Con Información de: La Jornada.

Shortlink: