Desaparición: reforzar combate [Editorial El Universal]

Desaparición: reforzar combate [Editorial El Universal]

Algunos dicen que para las familias de las víctimas, estar desaparecido es peor que estar muerto, porque la posibilidad de un sufrimiento constante de quien se perdió, o fue secuestrado, deja a sus seres queridos en permanente agonía, sin el consuelo de saber si el dolor de la persona desaparecida ya terminó.

El caso de los 43 estudiantes desaparecidos, cuya muerte de dos de ellos ha sido ya confirmada, escandalizó por tratarse de estudiantes, por ser policías coludidos con el narco los que presuntamente cometieron el secuestro y porque una respuesta lenta hizo sospechar a mucha gente, hasta la fecha, de los resultados oficiales de la investigación. Sin embargo, lo ocurrido en Iguala fue apenas el suceso más vistoso de una ola de crímenes del mismo tipo que comenzó en 2011.

De 2006 a julio de 2015, las procuradurías de todo el país han registrado 25 mil 648 personas desaparecidas. Pero lo más destacado es que el registro se disparó de pronto en coincidencia con el inicio de la guerra contra el crimen organizado. En 2007 se tuvieron 752 reportes. Cuatro años después, en 2011, el número creció hasta 4 mil 192 personas.

Desde entonces el número no ha bajado de 3 mil personas por año. El registro más alto fue el de 2014 con 5 mil 304 personas.

El hecho de que la mitad de las desapariciones se concentran en cinco estados y que 50% sean jóvenes podría tomarse como una confirmación de la hipótesis de que se trata de víctimas del crimen organizado. Pero no debería nadie conformarse con esa deducción, principalmente la autoridad, que debe agotar todas las investigaciones; sin embargo, los familiares, además de enfrentar el dolor de la pérdida, tienen que soportar el frecuente desdén y el actuar burocrático que se da en las oficinas del Ministerio Público, principalmente aquellas de instancia estatal.

Los primeros minutos de investigación, afirman expertos, son clave para encontrar a cualquier persona desaparecida, pero en las corporaciones policiacas piensan usualmente de distinta forma. Ellos investigarán varias horas después, para esperar a que se “confirme” la desaparición.

La aplicación de un protocolo ante este tipo de casos es urgente. La uni]cación de criterios entre estados y Federación será un paso decisivo para disminuir el problema, así como la aprobación de una ley general de desaparecidos. Miles de familias que viven en duelo eterno lo agradecerán.

Fuente: El Universal.

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