Dudan en decidir su partida ante las amenazas que esperan en el norte

Los migrantes provenientes de Centroamérica temen más al crimen organizado que a la Patrulla Fronteriza.

Los migrantes provenientes de Centroamérica temen más al crimen organizado que a la Patrulla Fronteriza.

¿Cuándo nos vamos? Es la pregunta que comienza a escucharse en un importante sector de los miles de migrantes que se resguardan en el albergue de Ciudad de México. La desesperación por la pronta partida hacia el norte se está convirtiendo en el punto de disputa en la caravana, pues otros proponen permanecer al menos 48 horas en la capital y después seguir el éxodo.

La defensa de ambas posturas es acalorada. El tono en las discusiones se eleva cuando cada quien defiende sus argumentos. Pero no hay divisiones. Saben los riesgos que representa el trayecto y que su única defensa es seguir todos juntos, miles en un gran contingente, fusionado.

Las ideas son muchas, pero hay dos centrales: irse lo más pronto posible o permanecer varios días más para recuperar energía y después seguir el camino. Aún no hay claridad en los cómos, cuándos, hacia dónde o qué ruta seguir. Se habla de tres posibles destinos, todos en la frontera entre México y Estados Unidos: Tijuana, Laredo o Reynosa.

A lo largo de la jornada en el cuarto día de que los primeros migrantes llegaron al albergue, se organizaron en grupos por departamentos para discutir las opciones y presentarlas en la asamblea nocturna. Hasta el cierre de esta edición se discutía el destino de la marcha para los próximos días.

Muchos sostienen que ya es tiempo de partir. Esperar hasta el sábado es demasiado. Debemos seguir ya. Los que están por esperar advierten sobre los riesgos: Nos han alertado que hacia el norte vienen más. De aquí para allá hay más peligro, el crimen organizado. Debemos analizarlo bien, sin desesperación. Lo único que sé es que todos juntos hacemos la fuerza. Si nos vamos mañana, mañana mismo, si esperamos, hagámoslo. La decisión la tiene la asamblea, planteó uno de los representantes.

El temor no es para menos. El propio Édgar Corzo, titular de la quinta visitaduría de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos –cuyo personal ha dado acompañamiento al éxodo incluso antes de su ingreso a México–, señaló en entrevista que en varias entidades del norte del país hay zonas de riesgo. Demandó a las autoridades federales y de los estados por los que decida transitar la caravana brindarles todas las garantías, incluida la seguridad.

De su lado, Nashieli Ramírez, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México, indicó que el albergue tiene capacidad para brindar atención durante 15 días, pero la decisión de cuándo marcharse es de ellos.

Representantes de organizaciones civiles denunciaron que se ha detectado la presencia en el albergue de presuntos reclutadores para diversos empleos: trabajadoras del hogar, electricistas, albañiles. Lo más preocupante, dijeron, es que a varias chicas trans les han ofrecido trabajo en una florería, pero por las noches. Se han presentado las denuncias correspondientes, pero la CDH de CDMX nos dice que le toca a la policía y en la Secretaría de Seguridad Pública argumentan que no pueden tener presencia de más elementos. Se echan la bolita.

No obstante, el descanso siguió ayer. Un mariachi decidió llevar serenata y causó revuelo. Y los migrantes, desde lo más hondo de sus corazones, lanzaron los gritos característicos de charros como Jorge Negrete o Pedro Infante. Sorpresivamente, cuando la tarde caía, aparecieron dos personajes con profunda conciencia social: Rubén Albarrán y Emmanuel del Real, Meme,integrantes de la banda de rock mexicana Café Tacvba.

El primero llamó a solidarizarse y tener empatía con los migrantes y demandó a los gobiernos por los que pasen las caravanas, incluido el de Estados Unidos, respetar sus derechos. Caminaron, dialogaron con muchos, jugaron con los pequeños y después, con una sola guitarra y la aguda voz de Albarrán, entonaron dos rolitas: Olita de altamar y Las flores.

Su presencia causó más revuelo entre los reporteros que entre los hondureños. ¿Quiénes son, oiga?, decían algunos. Mejor hubieran traído al Buki o a Bronco, la música de banda es la que cala en Honduras. Pero qué bien que vengan artistas, señalaban otros.

Sara, de 35 años, fue la única que los reconoció. Tras pedir una foto dijo a los reporteros: Hace 10 años no sabía de ellos. Qué emoción.

Se informó que en el albergue hay 4 mil 600 personas, 50 organizaciones civiles e internacionales que ofrecen apoyo, aunque es notable la ausencia de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, y se han brindado 771 consultas médicas.

Información La Jornada.

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