El cierre del gobierno empieza a generar crisis en las agencias de seguridad de EU

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Nueva York. Agentes de seguridad pública y nacional alertaron que la clausura parcial del gobierno federal, ya en su día 32, estaba afectando sus operaciones, mientras cada día se multiplican los costos sociales y económicos, y las encuestas registran que la mayoría responsabiliza al presidente de esta crisis, todo lo cual está acelerando la búsqueda de una salida legislativa en esta nueva era de gobierno dividido para Donald Trump.

Para variar, como tantas cosas en este régimen en Washington, la clausura es culpa de México: Donald Trump provocó este cierre porque no logra que el Congreso apruebe 5.7 mil millones de dólares para construir su muro fronterizo y enfrentar lo que califica de una crisis de seguridad nacional ante las amenazas que provienen del país vecino.

El deterioro de los servicios de gobierno –incluso los de asistencia para los sectores más vulnerables– y las quejas de los más de 800 mil trabajadores federales que no han recibido salarios, está intensificando la presión sobre los políticos para buscar una salida.

Una clausura que Trump justifica como necesaria para exigir una respuesta a lo que, insiste, es una crisis de seguridad nacional, está generando una crisis real de seguridad, según alertó este martes la Asociación de Agentes de la FBI, al indicar que sus integrantes reportan que la falta de recursos está afectando las tareas de antiterrorismo, combate al narco, a las pandillas y al tráfico humano. Cada vez más empleados de la Administración de Seguridad de Transporte encargados de seguridad en aeropuertos no se están presentando a laborar, mientras alguaciles federales y hasta empleados de seguridad fronteriza dejaron de recibir su sueldo.

Por ello, de repente el Senado está considerando una salida mediante la aprobación de una ley para reabrir el gobierno temporalmente (hasta el 8 de febrero) mientras se negocia lo del muro. Por su parte, desde que se instaló este mes, la Cámara de Representantes había indicado que no negociará fondos para el muro hasta que se reabra el gobierno.

Pero la crisis real que enfrenta Trump no tiene nada que ver con la frontera, sino con una nueva realidad política en Washington: el Congreso ya no está bajo su control. La conquista de la Cámara baja por los demócratas –aun con un Senado bajo control republicano que sigue sumiso a Trump– ha frustrado a un mandatario que hasta ahora había impuesto su voluntad (limitado sólo por una serie de fallos judiciales).

La nueva Cámara baja representa una serie de cambios en este país, algunos resultado de la resistencia contra Trump, otros por un giro progresista impulsado por jóvenes. Por mucho, esta cámara es la más diversa en la historia, tiene el número de legisladores novatos más grande en medio siglo (41 por ciento de ellos por primera vez en un puesto electo), el número de mujeres más grande (127) incluyendo las primeras indígenas y musulmanas y la más joven –y por ahora la novata de mayor perfil nacional, Alexandria Ocasio-Cortez– y además el caucus Progresista se incrementó de 78 a 96 legisladores.

En los primeros días desde su instalación, ya han impulsado una serie de propuestas directamente contrarias a la agenda de Trump sobre salud, migración y hasta un New Deal Verde. Y por supuesto no han abandonado su intención de investigar al presidente y sus aliados.

Aunque el liderazgo demócrata de la Cámara de Representantes sigue en manos de veteranos –como la presidente de la cámara, Nancy Pelosi– nuevas corrientes están intentando arrastrar al partido hacia la izquierda.

Mientras tanto, en medio de la clausura parcial del gobierno más larga de la historia, la Casa Blanca marcó otro récord de días (un mes) sin las conferencias de prensa rutinarias y este martes el presidente Trump indicó que tal vez ya no habrá más. En un tuit explicó que la razón por la cual su secretaria de prensa ya no se había presentado en la sala de conferencias “es que la prensa la cubre con tanta rudeza e imprecisión… Le dije que ya no se molestara, la gente se entera de todas maneras. La mayoría nunca nos cubrirá imparcialmente y por ello, el término de, ¡Fake News!”.

El presidente de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Olivier Knox, denunció este martes el posible fin de las conferencias de prensa señalando que este retroceso de la transparencia y rendimiento de cuentas establece un precedente terrible.

Y como si fuera necesario, otro libro más sobre la Casa Blanca de Trump retrata lo que dice es una operación absolutamente fuera de control. El autor Cliff Sims tuvo acceso privilegiado al presidente como uno de los encargados de formular sus mensajes y discursos, y según el Washington Post, que obtuvo el manuscrito antes de su publicación la próxima semana, la narrativa está llena de escenas de caos, disfunción y duplicidad entre el presidente, su familia y funcionarios de su administración. Qué sorpresa.

Información La Jornada.

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