Escribo para ser feliz, reconoce Orhan Pamuk al recibir la presea Carlos Fuentes en la FIL

Silvia Lemus, esposa del autor de Aura, entregó la medalla a Pamuk.

Silvia Lemus, esposa del autor de Aura, entregó la medalla a Pamuk.

Guadalajara, Jal., ¿Por qué escribe? y ¿cuál es su religión? Son dos de las preguntas a las que se enfrenta de manera cotidiana el premio Nobel Orhan Pamuk. Escribo para ser feliz y la literatura es mi religión, respondió el escritor turco en su discurso al inaugurar el Salón Literario Carlos Fuentes. Al final, Silvia Lemus, esposa de Fuentes, le entregó la medalla que lleva el nombre del autor de La región más transparente.

Pamuk (Estambul, 1952) habló en su discurso de la influencia del boom latinoamericano en su escritura: Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, lo mismo que la obra de Juan Rulfo, Jorge Luis Borges e Italo Calvino.

Escribo, dijo, porque quiero leer libros como los que escribo. Porque estoy enojado con todos ustedes con quienes hacen este ruido. Escribo porque estoy enojado con todo el mundo, dijo entre risas. Escribo porque me encanta estar encerrado escribiendo todo el día; porque sólo puedo participar en la vida real cambiándola; porque quiero que todo el mundo sepa qué tipo de vida llevamos en Estambul, en Turquía; porque amo el olor de papel, pluma y tinta; escribo porque creo en la literatura, en el arte de la novela, más de lo que creo en otra cosa.

De hecho, añadió, cuando le preguntan cuál es su religión, mi respuesta es: la literatura.

También escribe porque le gusta que lo lean, porque una vez que inicia la escritura de una novela, un ensayo o una página quiere terminarla. Escribo porque todo el mundo quiere que escriba. Tengo la creencia infantil en las bibliotecas, porque es emocionante convertir todas las bellezas y maravillas de la vida en palabras: no para contar una historia, sino para componerla, hacer de la acrobacia y metafísica de la ficción, tanto filosofía y ética. Escribo porque existe un lugar al que quiero llegar. Escribo porque nunca logro ser feliz. Escribo para ser feliz.

De los escritores latinoamericanos: Borges me enseñó a tratar la literatura antigua como una especie de metafísica. Como persona secular hago a un lado el contenido religioso de las historias míticas clásicas y las utilizo de manera moderna o posmoderna. Eso está en el corazón de mi obra y lo aprendí de Borges.

Asimismo, “reconozco la importancia de Carlos Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez y Borges, porque cuando el boom latinoamericano se inició apenas empezaba mi trabajo como autor. En ese momento me sentía fuera del centro y el boom me ayudó a decirme: ‘mira, puede haber un boom literario musulmán también, así como el latinoamericano. ¡Cielo santo, los latinoamericanos lo hicieron! Cuando visité Estados Unidos en 1983 tuve una crisis de identidad, porque iba a museos y me empecé a preguntar a mí mismo qué es eso de ser turco, y tuve que inventarlo. Tanto el boom como Calvino y Borges me ayudaron”.

Y de la situación en Turquía: la política turca es un tema muy triste. Hay una especie de democracia en Turquía, se vota, sí, el pueblo turco decide con su voto, pero no hay democracia sin libertad de expresión. No hay libertad de expresión ya en Turquía, algunos de mis amigos están en la cárcel por sus ideas.

Tras su discurso, tuvo un diálogo con el escritor mexicano Jorge Volpi, en el que hablaron de la felicidad: Cuando exploro este tema en alguna de mis novelas es que no estamos felices con nosotros, pensamos en otros mundos y nos trascendemos. Gracias a Dios no soy feliz socialmente, y esto me da la energía de ser feliz siendo solo escribiendo.

Información La Jornada.

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