Fincar cargos a Trump dependerá más del Congreso que de la justicia

▲ Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se reunió la semana pasada con líderes estatales para estudiar una reforma al sistema de prisiones. Este país tiene el índice de personas encarceladas más elevado del mundo, 57 por ciento de los prisioneros por delitos de drogas en cárceles estatales son afroestadunidenses y latinos. Foto: Ap.

Nueva York. El día después en que de manera casi simultánea el ex abogado personal de Donald Trump implicó al presidente en un acto ilícito y, por separado, su ex jefe de campaña fue declarado culpable de delitos financieros, el debate entre la cúpula política y sus observadores en este país es sobre si esto marca el principio del fin de este régimen.

La especulación sobre un fin político de Trump ha sido casi permanente desde los primeros días de una Casa Blanca marcada por investigaciones, traiciones, el éxodo sin precedente de funcionarios y asesores y cargos criminales contra asociados cercanos al presidente, pero los sucesos judiciales del martes, según algunos analistas, fueron tal vez los peores en los 19 meses de su presidencia.

Lo más explosivo para la Casa Blanca es la inculpación directa del presidente por su ex abogado personal Michael Cohen a partir de un delito directamente relacionado con la campaña. Al declararse culpable el pasado martes de varios delitos ante un tribunal en esta ciudad, Cohen afirmó ante un juez que cometió dos violaciones de las leyes de financiamiento de campaña al realizar pagos para silenciar a dos mujeres que tuvieron relaciones sexuales con Trump, por instrucciones del entonces candidato, con el propósito de influir a la elección.

Lanny Davis, uno de los abogados de Cohen, comentó que este martes su cliente declaró bajo juramento que Donald Trump lo dirigió para cometer un delito, al hacer pagos a dos mujeres con el propósito principal de influir una elección. Si estos pagos fueron un delito para Michael Cohen, entonces ¿por qué no serían un delito para Donald Trump?

Por ello, algunos ahora se refieren a Trump como el primer presidente co-conspirador no acusado en la comisión de un delito federal desde Richard Nixon en 1974.

Y Cohen está dispuesto a dañar aún más a su ex jefe. Su abogado Davis –quien tiene experiencia previa en estos asuntos, ya que defendió a Bill Clinton durante su proceso de impeachment hace unos 20 años– ha indicado que su cliente tiene información que podría ser de interés para el fiscal especial Robert Mueller en su investigación sobre la posible colusión con los rusos y obstrucción a la justicia de Trump y sus socios, incluyendo una conspiración criminal relacionada con el hackeo de los demócratas durante la elección y si Trump estaba enterado de eso.

Expertos legales esperan que Cohen siga colaborando en investigaciones relacionadas con su ex jefe, y dicen que este cuento no se ha acabado. Algunos suponen que Cohen ya tiene un acuerdo secreto para cooperar con Mueller en la indagatoria sobre Trump, como parte de su decisión de declarar su culpabilidad a cambio de reducir su posible condena penal.

Sin embargo, es poco probable que Trump sea formalmente acusado de estos u otros delitos. La política legal del Departamento de Justicia durante décadas ha sido que un presidente en funciones no puede ser formalmente acusado de un delito (aunque eso no está concretado explícitamente en ninguna ley o en fallos judiciales).

Por ello, el futuro de Trump no se determinará mediante decisiones legales, sino que depende más de una decisión política del Congreso. Así, mientras procede la investigación de Mueller, mucho gira en torno a si los demócratas logran conquistar la mayoría por lo menos en la Cámara de Representantes, donde podrían ampliar las investigaciones y hasta evaluar un proceso de impeachment.

El caso contra Paul Manafort, ex jefe de campaña de Trump, quien fue declarado culpable de ocho cargos criminales que incluyen fraude bancario y evasión de impuestos, fue el primer juicio impulsado por la pesquisa encabezada por Mueller. El veredicto es un triunfo que fortalece su mano ante los ataques incesantes en su contra por el presidente. Aunque los cargos no están relacionados directamente con Trump, el resultado es un golpe a la estrategia del presidente de descalificar toda la investigación como algo fabricado para impulsar una cacería de brujas en su contra.

Mientras la Casa Blanca declaraba este miércoles que el presidente no ha hecho nada malo y que no hay cargos en su contra, al rechazar que Cohen haya implicado al presidente, este miércoles, como es su costumbre, Trump buscó descalificar e insultar a quien fue su ex operador durante más de 10 años. Lo acusó de fabricar versiones para obtener un acuerdo con los fiscales con el fin de salvarse. Al mismo tiempo, argumentó, sin evidencia, que los dos cargos por violaciones de las leyes de financiamiento de campañas contra Cohen no son un delito. Bromeó poco antes con que “si alguien está buscando un buen abogado… no contrate los servicios de Michael Cohen”.

Esto contrastó con sus comentarios sobre Manafort, a quien Trump elogió por su valentía, por no quebrarse como Cohen ante la presión de los fiscales federales, a quienes de nuevo acusó de promover una cacería de brujas. Eso de inmediato alentó la especulación de que Trump está considerando –y Manafort podría estar esperando– indultarlo en algún momento al final de sus procesos judiciales (Manafort enfrenta otro juicio criminal que tendrá lugar en septiembre por lavado de dinero y defraudar a Estados Unidos, entre otros cargos). Este miércoles, la vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, comentó que no estaba enterada de conversaciones sobre un posible perdón presidencial para Manafort.

En tanto, Michael Avenatti, el abogado de la estrella de cine porno Stormy Daniels, una de las mujeres que recibió pagos a cambio de su silencio sobre su relación con Trump y quien detonó en parte el caso contra Cohen, festejó las declaraciones de culpa del ex abogado del magnate, informando que con eso podrán proceder con su caso en materia civil, incluyendo interrogar al presidente bajo juramento. Dijo que todos deberían aplaudir la valentía tremenda de Daniels por rehusar mantener el silencio y concluyó que la historia correctamente la tratará como heroína por lo que viene.

Con estos acontecimientos ha resucitado la palabra Watergate en Washington. Pero hasta ahora, este presidente ha evitado, con la colusión de su partido y de otros interesados, rendir cuentas.

Por ello, algunos críticos –entre ellos prominentes ex secretarios, altos funcionarios y oficiales de inteligencia– advierten que, como resultado de la impunidad y hasta burla de las instituciones democráticas por este presidente y sus aliados, el país está en peligro de convertirse en una republica bananera.

Información La Jornada.

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