La irrupción de la esperanza vuelve al repensar el 68: Leonardo Boff

Leonardo Boff, ayer en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde dictó una conferencia magistral sobre los movimientos sociales del 68.

Leonardo Boff, ayer en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde dictó una conferencia magistral sobre los movimientos sociales del 68.

El teólogo y escritor brasileño Leonardo Boff (Concordia, 1938), uno de los más destacados ideólogos de la ‘‘teología de la liberación’’, inauguró ayer el coloquio internacional M68: ciudadanías en movimiento, organizado por las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM), Autónoma Chapingo e Iberoamericana, así como el Instituto Politécnico Nacional y El Colegio de México, con motivo del 50 aniversario de la gesta estudiantil de 1968.

Sus palabras calaron hondo en el público –en su mayoría jóvenes estudiantes– que acudió a la conferencia magistral del también filósofo, quien afirmó que revisar y repensar los movimientos sociales del 68 ‘‘es hallarse de nuevo ante la irrupción de la esperanza, para pensar que podemos crear otro tipo de sociedad y que tenemos el derecho de construir de forma soberana, activa y altiva la identidad de los pueblos; ese es el reto de la presente generación”.

La resistencia, desde abajo

En el auditorio Ricardo Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, sede de la apertura del coloquio, Boff añadió que vivimos en un mundo en el que el futuro no está garantizado, ‘‘por eso hay que rescatar la esperanza con su poder político, para crear una forma de resistencia que esta vez vendrá desde abajo. No pregono el optimismo, sino la esperanza, esa de la que san Agustín dijo que tiene dos hermanas: la indignación, contra todo lo malo que estamos viviendo y sufriendo, y el coraje, la valentía para cambiar esa situación.

‘‘Por lo menos, esperanza para sembrar semillas que den origen a otro tipo de mundo. Es posible ser, no hijos de la necesidad, sino hijos de la alegría de vivir.”

El teólogo consideró que México fue quizás el país que más sufrió en 1968, ‘‘porque vivieron, en aquella noche de Tlatelolco que dejó más de 130 víctimas, el terror de parte de un Estado que no tuvo piedad, ni capacidad de interpretación de lo que ocurría en la sociedad.

‘‘De todos los movimientos que sucedieron ese año, ya sea en Europa, Argentina o Brasil, la parte más dura, a mi juicio, ocurrió aquí, con la invasión a la universidad y el uso del aparato militar, instrumento de guerra que enfrentó a estudiantes de manos limpias que tenían sólo la fuerza de sus ideas y sus sueños, contra la fuerza bruta de la represión. Esa memoria nunca se debe perder.”

Hay que mirar hacia atrás, insistió, para pensar qué sueños debemos conservar, ‘‘sin una visión moralista, porque el sentido profundo del 68 fue liquidar un pasado tradicionalista, autoritario, duro, una cultura que no daba espacio para aspirar a lo moderno. No se sabe bien cuáles fueron todas las razones del 68, se trató de un fenómeno complejo.

‘‘Fue la propia dinámica de la historia, que de repente da un giro y emerge otro nivel de conciencia que produce una nueva imaginación, una nueva utopía. Por eso, el principio de la esperanza está en la base de todas la revoluciones de la historia, porque es el generador de utopías transformadoras, porque hace que las personas comiencen a pensar diferente para construir la ruptura necesaria y sembrar la semilla de lo nuevo.”

Por una sociedad más justa

En el 68, continuó el ex sacerdote franciscano y ecologista, ‘‘la esperanza estaba presente sobre todo en los jóvenes que querían una sociedad más libre, más participativa y democrática, así como resolver el problema de igualdad de género o promover los derechos de las minorías que nunca habían sido respetados, rumbo a un nuevo tipo de relaciones sociales más igualitarias.

‘‘Todo ello creó una cultura de la sencillez, de la inmediatez, que afectó a la cultura con elementos nuevos. Por desgracia, como siempre ocurre, el sistema incorporó gran parte de esas ideas de los jóvenes y comerció con ellas. Se creó una sociedad más liviana, menos pesada, menos aburrida, más juvenil. Es el legado permanente de la revolución del 68 pero, hay que decirlo también, se demolió el pasado porque no se tenía un proyecto de futuro, de ahí la facilidad con la que el sistema los coptó e incorporó. Fueron demasiadas ideas dispersas, sin un eje.

‘‘Las viejas ideas de la humanidad son crear una sociedad mucho más igualitaria, justa y fraterna. Es la utopía que siempre intentamos realizar, siempre con dificultades, por eso hay que retomarlo ahora. La historia no está cerrada.”

El coloquio internacional M68 continuará del 4 al 18 de septiembre en varias sedes de la UNAM, con la participación de más de 100 conferencistas. Leonardo Boff recibirá hoy el doctorado honoris causa en teología y ciencias de la tierra por la Universidad Iberoamericana, campus Puebla.

El 2 de octubre será reabierto el Memorial del 68 e inaugurado el Museo de los Movimientos Sociales, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

Se considera además rendir ese día, en el Archivo General de la Nación, un homenaje a las víctimas encarceladas en Lecumberri, entre otros actos conmemorativos.

Información La Jornada.

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