La literatura erótica debe ser obligatoria para todo adulto: Liliana Rodríguez

Liliana Rodríguez señala en entrevista que en el erotismo halló una veta narrativa para no dejar nunca.

Liliana Rodríguez señala en entrevista que en el erotismo halló una veta narrativa para no dejar nunca.

La literatura erótica debería ser parte obligatoria de las lecturas de cabecera de todo adulto, considera la escritora Liliana Rodríguez, quien desde hace poco más de ocho años ha cultivado ese género y ahora presenta su primer libro de cuentos, Entre sábanas: relatos para no dormir.

Publicado por Panorama Editorial, este volumen reúne 16 textos breves en los que la también periodista da cuenta de historias y personajes que ejercen su sexualidad y nutren su fantasías sin tapujos ni falsas barreras morales. Quisiera que en México se leyera más literatura erótica. Somos un país de gente de sangre caliente, al fin y al cabo latinos, pero el erotismo y la sexualidad es hasta la fecha un tema vedado, tabú, expresa.

“Quisiera que este tipo de libros fueran parte de la cabecera de cada quien, porque es un ejercicio para la mente, pero también para la excitación, para la lascivia. Hay veces que de tantas cosas que vivimos al día, sí necesitamos un remanso.

“Así como nos echamos de vez en cuando nuestra chelita (cerveza), por qué no leer un libro erótico, uno que deje algo; de hecho, el erotismo siempre deja algo en la persona. Una dosis de lectura erótica al año es fundamental para nosotros como adultos.”

Colaboradora de las revistas GQ y Glamour y del periódico El Gráfico, donde publica la columna El objeto del deseo, Liliana Rodríguez cuenta a La Jornada que su incursión en este género literario fue casual, azaroso, luego de que un amigo editor la invitó a colaborar en un blog y una revista.

Fue una veta narrativa que descubrió para no dejar nunca, según afirma, porque se dio cuenta de que le gusta hablar de sexo. Pero de ese sexo de a pie, del cotidiano de toda la gente, precisa.

No soy sexóloga, pero con 44 años ya en la actividad he tenido distintos estados civiles, incluyendo la vida en pareja. Me interesa hablar del sexo real, sin andar con rodeos. Por eso me gusta mucho la narrativa de José Agustín. Le hablo al hombre y me siento más en confianza con él, porque quiero que entienda de una vez por todas a la mujer, sus gustos y necesidades en la cama.

La autora externa su disfrute por estas historias. Las considera un juego muy divertido y al mismo tiempo liberador; admite que varias ocasiones se excita con lo que escribe. Para ella, es señal de que va por buen camino y encontró la medida al texto.

Lo que busca con esta literatura es, en primer lugar, prender al lector, que se excite, que se empiece a erotizar. A partir de ahí, seducirlo para que prosiga leyendo y, a la vez, somatice su lascivia.

Otro de sus propósitos, revela Rodríguez, es deslizar de manera sutil ciertos elementos para que el lector, sobre todo los varones, reflexionen acerca del ejercicio de su vida sexual, si se sienten satisfechos, si realmente pueden comunicar sus gustos y necesidades, y si están abiertos a escuchar y complacer a su pareja.

Liliana Rodríguez asume que sus historias están orientadas principalmente al sexo masculino, aunque le gustaría llegar también a las mujeres, situación que considera compleja porque en México, dice, no hay aún tanta apertura.

“Muchas mujeres no ven porno ni hablan de su sexualidad, pero son sexuales y excitables. Me gustaría que me leyeran para que se despierte esa parte, pero amablemente. Las mujeres, creo, requieren ‘deschongarse’ y no esconderse, leer literatura erótica sin temor de ser tachadas de pervertidas y calientes.”

Como autora del género, se asume afortunada y asegura que le ha redituado muchas satisfacciones y cosas hermosas.

“Algunos han de pensar que soy bien caliente y la diosa del arte amatorio, pero no. En mis redes sociales cuido muy bien mis palabras, para no caer en lo políticamente incorrecto. A partir de ello, quienes me leen me hablan siempre de manera respetuosa. Claro que hay uno que otro mensaje directo de ‘cuándo cogemos’ o una fotillo que digo, ¡ay, en la madre! , pero son la excepción.”

Información La Jornada.

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