La participación de voluntarios ciclistas ha contribuido a que la ciudad no pare

sismo

Ciudad de México. Hace tiempo que las bicis se apropiaron de esta ciudad y la transformaron; hace unos días, la impulsaron cuando colapsó. Emergieron con naturalidad desde el primer momento tras el terremoto del 19 de septiembre, cuando la movilidad entró en caos. Con las vialidades saturadas y el transporte público insuficiente, este medio se convirtió en el más eficaz para desplazarse en una ciudad casi paralizada.

Los ciclistas, en brigadas, fueron mensajeros en zonas de derrumbes y centros de acopio, testigos para verificar información vital de la emergencia y una más de las formas de solidaridad que se expresaron tras la tragedia.

Eran contingentes de todos los que se entrenaron durante años de paseos y activismo urbano en los que tejieron redes solidarias, explica Agustín Martínez, uno de los fundadores de Bicitekas, uno de los pioneros en la promoción de este transporte como solución de movilidad urbana.

Todos estos colectivos llevaban años formando redes, continúa Martínez, utilizando la tecnología para protegerse e informarse. Entonces la contingencia nos sorprendió y ahí estaban para servir cívicamente.

Funcionamos para repartir víveres, medicamentos y herramientas, relata Martínez; pero también para ser ojos, como generadores de información a través de las redes sociales y en la plataforma que desarrollaron un grupo de personas para verificar todos los datos que fluyen en estos momentos de emergencia.

La plataforma fue creada tras la emergencia como un núcleo que concentra información que alimentan ciudadanos y verifican de manera presencial en la Ciudad de México. La desarrollaron a partir del programa Google Crisis Response para generar un mapa que se actualiza de manera permanente con la participación de decenas de voluntarios acantonados en las instalaciones del centro cultural y de medios Horizontal. Un formulario muy breve sirve para reportar zonas de riesgo, centros de acopio, albergues y transporte, que se corrobora en persona con las distintas brigadas ciclistas.

Esa es un diferencia significativa, entre otras tantas, con la emergencia de 1985, admite Martínez; la participación de tantos voluntarios ciclistas contribuyó a que la ciudad no se detuviera, no quedara incomunicada.

Después del terremoto, quedó confirmado para el fundador de Bicitekas, que la bicicleta es otra forma de ejercer ciudadanía.

Gisela Ochoa no había vivido una tragedia como la de este 19 de septiembre, tiene 29 años, pero encontró en su pasión por la bicicleta un recurso instintivo para enfrentar la zozobra de toda una sociedad.

Nosotros comunicamos las necesidades entre los distintos centros de acopio, cuenta Gisela, autora del proyecto Todo lo que somos. Radiografía ciclista de México. “Nos trasladamos de Amores, en la Del Valle, a Lindavista, recopilando información y lo que hiciera falta. Aprendimos nuevos códigos y formas de reacción inmediata, dijimos:“a güevo que podemos. Juntos quitamos lápidas con las manos, sin necesidad de máquinas ni ejércitos”.

Información La Jornada.

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