Mal estreno

Rolando Cordera Campos

Con pie derecho inició en el Congreso la coalición encabezada por Morena. Lo digo porque si bien la mayor parte de sus integrantes se reclama de izquierda, término difícil de definir en la actualidad, uno habría querido asistir a un espectáculo de generosidad republicana, encabezado por un indiscutible luchador y portador de este estandarte, pero no ocurrió así.

Por lo menos desde 1987, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Cuauhtémoc Cárdenas, a la cabeza, han formado fila en el reclamo democrático que, a un alto costo, pusieran a circular en 1968 los estudiantes. Una y otra vez el ingeniero Cárdenas ha planteado que una democracia moderna no puede darse por consolidada sin haber resuelto, en el nivel constitucional y de las capacidades del Estado, los temas relativos a la soberanía nacional y los que definen la cuestión social.

Sometida a presiones y litigios y abrumada por la desigualdad y la pobreza masiva, la democracia encara agravios sin cesar. Los votos se venden y se compran sin recato ni reparo alguno, y los controles y contrapesos, junto con los recursos naturales que poseemos, en los que descansa cualquier posibilidad y sentido estratégico del ejercicio soberano del Estado se usan mal, se abusan o de plano se subastan. Y lo peor, si se puede, todo con cargo al interés general o el bien común.

La agenda que Morena y sus aliados tienen enfrente es enorme y no hay argumento racionalizador que pueda acotarla. Como en cascada, las carencias de los afectados abultarán la disputa por los recursos y más cuando estos no alcancen y su insuficiencia empiece a notarse en las ventanillas del sector público, las camas y quirófanos de los hospitales, la falta de agua o el ausentismo en las aulas rurales o semiurbanas.

El sentido de urgencia se despliega como sensación colectiva de emergencia y la incertidumbre alimenta la angustia social. Es de y desde este conjunto variopinto que la fragilidad de la mayoría empieza a notarse; una mayoría endeble, por su carácter de coalición con cimientos precarios.

Mientras sea más partido y menos movimiento, Morena podrá ser fuerza gobernante; en caso contrario, será fuerza oscilante y veleidosa, sino en el discurso sí en su desempeño en los órganos de poder del Estado. Y así estamos y con una perspectiva de plazo más o menos largo.

Si se asumen estas hipótesis, la opción inmediata sería ampliar, por la vía de los hechos, los alcances de la coalición y de su centro dirigente, rumbo a la configuración de unos consensos que respeten la palabra y el compromiso democratizadores del Estado, así como su saneamiento. Promesas que llevaron a López Obrador a la Presidencia.

El buen trato, la deferencia para el adversario, la claridad del discurso y la expresa y permanente búsqueda de buenos y mayores entendimientos, conforman un instrumental inmejorable para darle al nuevo gobierno visos de consistencia, orden y estabilidad. Eso lo sabe hacer Muñoz Ledo por nota y de memoria. Pero es contra ello que el inefable diputado petista vocifera y trabaja.

Ojalá y para diciembre, Noroña ande de visita de estudio y cortesía en los territorios helados del señor de Corea del Norte. Para que, por lo menos, el sofoco se aligere.

Fuente: La Jornada.

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