Nueva claudicación en política exterior

opinión

El desmantelamiento de la doctrina mexicana de relaciones exteriores, basada en los principios de no injerencia y autodeterminación de las naciones, y su correlativa sustitución por un alineamiento inocultable a los intereses de Washington dieron ayer un peligroso paso con la declaración de persona non grata contra Kim Hyong Gil, embajador de Corea del Norte en nuestro país, quien deberá abandonar territorio nacional a más tardar el domingo.

Con la expulsión del embajador se tensan las relaciones bilaterales, ya resentidas desde que el año pasado se recortó la cantidad de diplomáticos de Pyongyang autorizados en la embajada. Sin embargo, la Secretaría de Relaciones Exteriores aclaró que no se busca el rompimiento de las relaciones, sino enviar un mensaje contra acciones violatorias del derecho internacional y en respaldo de Japón y Corea del Sur, aliados fundamentales de México.

Pese a que la medida se presentó como respuesta al lanzamiento de un misil balístico de alcance medio, realizado por el régimen norcoreano el 29 de agosto, es imposible eludir el precedente de que 12 días antes el vicepresidente estadunidense, Mike Pence, solicitó a la cancillería mexicana la ruptura total de relaciones con su antagonista asiático, así como el hecho de que el distanciamiento decretado por el presidente Enrique Peña Nieto en el Diario Oficial de la Federación se produce en medio de un intercambio de amenazas entre el gobierno de Donald Trump y su contraparte, encabezada por Kim Jong-un.

Si bien debe reconocerse el innegable riesgo para la estabilidad internacional que representa la política militarista de Pyongyang, es necesario hacer dos consideraciones: primera, que México no ha recibido ninguna amenaza de esa nación para justificar el hostigamiento contra su personal diplomático. En segundo lugar, no puede perderse de vista que el armamentismo norcoreano es una reacción previsible ante el empecinamiento de Estados Unidos en amagar con una intervención armada contra el régimen de los Kim si éste no se adapta a los estándares institucionales que la potencia militar de América del Norte y sus aliados entienden como única manera válida de gobierno.

Tanto por la mencionada carencia de justificación como por ser una medida inoportuna y contraria a la tradición diplomática mexicana, cabe esperar que las autoridades rectifiquen el camino tomado y desactiven un potencial foco de conflicto internacional en el que nuestro país no debería tener ningún interés.

Información La Jornada.

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