Poesía, belleza y verdad, vectores de Wim Mertens

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Ciudad de México. En el coche suena Charaktersketch, el primero de los tres discos que integran Cran aux Oeufs, el nuevo proyecto del compositor Wim Mertens. El tráfico habitual de Ciudad de México en miércoles por la tarde.

Los dedos sobre el volante comienzan a seguir el ritmo. Y entonces llegan palabras leídas de los críticos sobre la obra de este músico nacido en Bélgica en 1953: inclasificable, de culto, innovador, ruptura. Pero ninguna alcanza para definirla.

Ofrecerá dos conciertos con la Filarmónica de la UNAM

La música, en general, como la define Mertens en una charla ocurrida minutos antes: Es algo con lo que tenemos esta posibilidad de elevarnos, pero al mismo tiempo es algo muy concreto, muy específico, se necesita cierta especialización, y también es la posibilidad de cambio. Es una ruptura, un escape en una forma positiva. Por eso creo que cada seis, siete o nueve años vemos nuevas voces en rock y pop. Hay más evolución en esos dos géneros que en la música clásica, porque en ésta tendemos a controlar la educación, a decir cómo debe ser. La música puede cambiar rápidamente, confrontarse y vincularse a la sociedad con todos sus problemas, emociones, conflictos, y también con las cosas hermosas.

Wim Mertens llegó al país el martes por la noche y ayer ensayó con la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México (Ofunam), con la que sábado a las 20 horas y domingo a las 12 hotas ofrecerá sendos conciertos con las obras Leeway, Joy of Laughter, Cire perdue, Initial Detachment, Sprachresten, Holes in Habit, Slinging, Affine Schemes, Ahead of Itself, Ode devenu épisode, Tout ça, c’est fini, Often a Bird, La fin de la visite, Al, Zusammemsetzen, Further Hunting, Birds for the Mind y Yes, I Never Did.

Este jueves, a las 20 horas, tendrá un recital para piano y voz acompañado por Dirk Descheemaeker, en clarinete y saxofón, con algunas de las 30 obras que integran Gran aux oeufs, donde explora tres conceptos: música, poesía y verdad.

Charaktersketch se sitúa en 2015 en torno a la crisis en Europa y el cambio en la posición de Occidente como portador de valores y poder cultural y económico. What are we, locks, to do? es el segundo disco y en él retoma la figura del poeta Callimachus, mientras el tercero es la batalla de Accio, que Roma y los romanos no presentaron como una guerra civil, que lo fue, sino como un conflicto entre Roma y Egipto.

–¿Qué lo hace unir este periodo de la historia con lo que estamos viviendo?

–Creo que hay un elemento importante en la composición musical actual: que al mismo tiempo podemos referirnos a situaciones políticas y culturales históricas y estar conectados con nuestra propia época. Al menos eso es algo que siempre he ambicionado hacer y es la razón por la que elijo o rechazo ciertos proyectos. En Europa más que en México estamos enfocados en la reproducción de un repertorio estándar que viene de los siglos XIV, XVI, XVIII o XX pero necesito que sea algo vital, algo nuevo con una aproximación completamente diferente.

“Cuál es la importancia de la voz, de la notación, la relación con los músicos, cómo usar los instrumentos en una relación diferente. Todo esto se unió en Cran aux Oeufs. Es una forma de relativizar ciertas cosas, pero las conexiones con el hoy son importantes y deben estar presentes.”

Foto

Wim Mertens ayer en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, donde se desarrolló la entrevista con La Jornada. La música puede cambiar rápidamente, confrontarse y vincularse a la sociedad con todos sus problemas, emociones, conflictos, y también con las cosas hermosas, sostiene. Foto Carlos Ramos Mamahua.

–Usted se ocupa de lo que ocurre y quiere ponerlo en su música.

–Absolutamente, creo que es natural ser sensible a lo que pasa hoy, en tu propio ambiente pero también en una escala más amplia, la música tiene esta cualidad de ser algo muy abstracto, en el aire, la voz, algo etéreo que te hace soñar, pero como compositor es algo muy concreto, concretísimo, nota por nota.

–¿Esto tiene que ver con su especialización en ciencias políticas? ¿Cambió su forma de ver la música?

–Eso creo, porque me interesa saber por qué la música cambia, por qué algo cambia. En siglos pasados la música estaba muy estrangulada por la corte y la Iglesia pero observamos cambios.

En su biografía identifica tres momentos de cambio: a los ocho, 18 y 28 años. A los ocho años porque empezó a estudiar guitarra y luego piano; después tuvo una maestra que se dio cuenta que lo que él buscaba era otra cosa y comenzó a darme libros de cultura, de música y de diferentes artes.

A los 18 dejó sus estudios para dedicarse a las ciencias políticas y la musicología, y 10 años después estaba componiendo y grabando de forma profesional en un momento en que la música clásica estaba dominada por lo estándar, se mantenían las viejas posiciones y no era fácil presentar algo nuevo.

Él lo hizo.

En 1991 grabó Estrategia de la ruptura, un clásico entre sus obras, y lo presentó en el Espacio Escultórico de la UNAM en un concierto que recuerda como uno de los más importantes en su carrera. “Fue un momento muy especial, es uno de mis conciertos referenciales porque el público mexicano aceptó esta música, que no es como cualquier otra y fue algo muy exitoso por la retroalimentación con la audiencia. Los compositores necesitamos esa retroalimentación para funcionar y seguir trabajando.

“La característica de la música es que no es un cuadro que se pinta y ahí queda, o un libro. La música tiene que interpretarse todo el tiempo, grabarla en un disco es sólo una situación en específico, pero después las piezas tienen su propia vida. Por eso que me gusta presentarme de diferentes formas, en solo, dúo, quinteto.

Hace 10 años descubrí que como músico el público es la parte final de la pieza, porque completa la información que has desarrollado como inspiración, como notación, pero sólo puede completarse en el último momento por el público.

Esto no significa que al componer esté pensando en el espectador. En el acto de componer tienes muchos temas que descubrir, problemas que resolver. En ese momento no piensas en el público, su importancia viene cuando tocas de nuevo cada pieza. No es una cuestión de si me gusta o no la audiencia, si pienso en ella, va más allá, porque el público es el elemento crucial final para presentar una pieza de forma exitosa. Es una nueva función del público.

Información La Jornada.

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