Poeta maya-k’iche ve en la sabiduría indígena la respuesta al caos mundial

 Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura de CDMX, y el poeta guatemalteco durante el encuentro.

Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura de CDMX, y el poeta guatemalteco durante el encuentro.

La sabiduría de los pueblos indígenas puede ayudar a recomponer el caos del mundo contemporáneo, según el poeta maya-k’iche Humberto Ak’abal, uno de los autores más importantes y conocidos de Guatemala, quien se encuentra de visita en México.

Ahora que el mundo se está desmoronando, la humanidad comienza a buscar esos conocimientos ancestrales. En la medida que otros pueblos y culturas abran su pensamiento, podrán aprovechar mejor esa riqueza; los indígenas somos algo vivo, presente, cotidiano, no estamos sólo en los libros, afirma el autor.

Conforme los desastres vayan ahogando más a las otras culturas del planeta, se va a ver cada vez más la necesidad de buscarnos, porque en nosotros hay otra forma de vida y de interpretar al mundo, una cosmogonía particular y una manera diferente de creer.

En entrevista con La Jornada, antes de su participación en la quinta Fiesta de las Culturas Indígenas, Pueblos y Barrios Originarios, que concluyó ayer, Ak’abal se dice optimista por los avances que han registrado en años recientes las culturas indígenas americanas.

Esto, precisa, en términos de su visibilidad y el respeto de sus derechos, identidad, lengua, costumbres y tradiciones, si bien considera que el camino por recorrer aún es muy largo.

No trato de ver lo pequeño que es, sino que lo veo grande comparado justamente con lo que no teníamos. Hay mucho por hacer. Las autoridades de nuestros países aún no abren los ojos, los oídos, no le ponen el interés a este esfuerzo que se está haciendo, apunta.

Necesitamos coptar esos espacios logrados para que no sean esfuerzos aislados, pequeños, sino que se convierta en lo que debería ser: una necesidad real.

Nacido en Momostenango, en 1952, el poeta y narrador maya-k’iche se asume como hombre afortunado por ser depositario del conocimiento ancestral que sus abuelos le legaron por medio de su lengua y también por todas las bellezas que le ha brindado la poesía.

El arte poético como arma

Aclara que el arte poético ha sido en su caso un arma de resistencia más que de insurgencia, no obstante las atrocidades que le tocó vivir durante los más de 30 años de guerra civil en su país natal.

Me considero afortunado de seguir vivo y poder contar algunas cosas, pero en plena juventud por supuesto que fuimos testigos y vivimos ese periodo triste de la guerra interna. Incluso, antes de eso, mi niñez estuvo rodeada por la discriminación social, política y religiosa, refiere.

“Mis abuelos sufrieron mucho de eso; sin embargo, su ejemplo es lo que me ha servido, porque, no obstante todos los sinsabores por los que atravesaron, mantuvieron el valor de nuestras lenguas, nos las heredaron; ellos ya descansan en paz y nosotros continuamos, seguimos hablándolas, y ahora yo más comprometido que nunca.

La poesía me ha servido como el medio para poder transmitir mis sentimientos y pensamientos. Nunca fui lo que algunos hubieran querido: un poeta militante; no creí que ese fuera el camino. Siempre he pensado que el hecho de forzar la lengua a decir lo que uno piensa y siente es todavía mucho más valeroso que hacer poesía de militancia.

Humberto Ak’abal se asume comprometido con la palabra y con los otros a compartir la lengua de sus abuelos, la misma lengua con la que fue escrito el Popol Vuh, al que considera uno de los libros más grandes y bellos de la humanidad.

Para finalizar, admite que el castellano le representa el recuerdo de un dolor, aunque es una lengua que habla sin temor porque fue comprada con la sangre de sus abuelos. Esta lengua es sólo una llave más para cantar el canto viejo de mi sangre.

Información La Jornada.

Shortlink: