Reconoce la Fonoteca Nacional el legado de Thomas Stanford

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Como investigador generoso, culto, educado, con un singular sentido del humor, riguroso en sus críticas, siempre dispuesto a escuchar y debatir, fue calificado el reconocido antropólogo y etnomusicólogo estadunidense radicado en México Thomas Stanford 1929-2018), en el homenaje que se le rindió la noche del jueves en la Fonoteca Nacional, como un reconocimiento a su trayectoria.

Su colección de música tradicional mexicana es la primera y una de las más importantes que se alojan en la Fonoteca Nacional, donde se encuentran documentadas 5 mil grabaciones de campo, realizadas y editadas por el propio investigador a lo largo de medio siglo (1956-2005), en sus recorridos por más de 400 pueblos del país.

Más de 330 grabaciones de campo de esa colección fueron reconocidas en 2010 por el programa Memoria del Mundo de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura por su alto valor histórico.

Asimismo, la Fonoteca resguarda la biblioteca personal del maestro Stanford, integrada por más de mil 250 libros, algunos con información imprescindible para entender el desarrollo de las músicas tradicionales, populares e indígenas de México.

En el homenaje estuvieron su viuda Elizabeth Bocanegra Camacho; la asistente particular en sus últimos cuatro años, Elizabeth Cruz Chávez; su alumna y colega, la antropóloga y etnomusicóloga Marina Alonso, y el responsable del Catálogo de Música Tradicional de la Fonoteca Nacional, Camilo Camacho, quienes destacaron la importancia del trabajo académico y de campo de Stanford, así como su calidad como ser humano.

El trabajo de Thomas Stanford en el Instituto Nacional de Antropología, a finales de los años 50 del siglo pasado, va más allá de la investigación musical, destacó Marina Alonso, ya que las disciplinas antropológicas tenían en aquellos momentos un papel preponderante en el proyecto de construcción de nación.

Stanford fue uno de los más grandes investigadores de campo dedicados a la investigación musical sin caer en una visión eurocentrista. Por el contrario, buscó revalorar las músicas vivas tradicionales mexicanas, en toda su complejidad y diversidad.

Huellas de la historia de una tierra

Alonso también destacó el interés de Stanford por las músicas mayas y por conocer los contextos sociales que les dan sentido. Las grabaciones son un gran legado que se complementan con sus estudios e interpretaciones por escrito, explicó la investigadora.

Él decía que la música de una tierra invariablemente exhibía las huellas de su historia. Decía que la música es la expresión de la identidad. Stanford se abocó a la música no sólo como fenómeno colectivo, sino también a esos creadores individuales e intérpretes preocupados por la memoria de sus pueblos.

Su viuda, Elizabeth Bocanegra Camacho, comentó: “Mi esposo fue un gran compañero de vida durante el tiempo que estuvimos juntos. Era una persona con un gran corazón, que se preocupaba por que no me faltara nada. Siempre apoyando a los demás, sobre él mismo.

Sigo admirando lo inteligente y culto que era. Y lo importante que fue su trabajo para nuestra cultura mexicana. Siempre entregado a su profesión, hasta sus últimos días quería seguir trabajando, eso habla de lo profesional que era. Su familia y amigos extrañaremos sus asombrosas y entrañables anécdotas de sus más de 70 años de vida.

Como parte del homenaje, ofreció un concierto el Grupo Yodoquinsi, cuarteto de origen mixteco, que se caracteriza por su ejecución con instrumentos prehispánicos, como caparazones de tortuga, flautas de barro, piedras sonoras, flautas de carrizo y madera.

Información La Jornada.

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