Reguetón, bachata. merengue y juegos blindan esperanzas

Las instalaciones donde se alberga a los migrantes ya tienen más comedores, sanitarios para niños y mujeres, y asistencia jurídica.

Las instalaciones donde se alberga a los migrantes ya tienen más comedores, sanitarios para niños y mujeres, y asistencia jurídica.

Los acordes sonaban y el guateque comenzó. El reguetón, el merengue y la bachata se adueñaron de los cuerpos. Inevitablemente las caderas se contoneaban al ritmo de la música. El estrés y el cansancio de las duras y largas jornadas quedó atrás. La incertidumbre por lo que vendrá en los próximos días se olvidó por unos minutos.

Ayer, las miles de personas del éxodo migrante que transita por México y que se resguardan en el albergue instalado en la capital de la República, se permitieron un día de relajación tras 25 jornadas de extenuante ruta con interminables caminatas, jalones (aventones), apretujones en los camiones que los han transportado, desvelos, falta de agua y comida, cansancio, miedo y riesgos.

Música, juegos de naipes –con sus respectivas apuestas–, la cascaritafutbolera, clases de baile, un buen baño o simplemente reposar sobre una colchoneta bajo una sombra, fueron las imágenes que se observaron este martes en el estadio Jesús Martínez Palillo de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca, donde está instalado el albergue.

El transporte en el Metro es gratis para ellos y muchos no pierden la oportunidad.

Salieron a echar taco o a turistear por la ciudad: el Zócalo, Bellas Artes, el Ángel de la Independencia, la Basílica. Para dar gracias a la guadalupana, que nos permitió llegar hasta acá.

La ciudad logró reunir a todos los desplazados que conforman el éxodo. Luego de varios días de dispersión, ayer se completó el número de personas que comenzaron el viaje juntas el pasado 12 de octubre, cuando salieron de San Pedro Sula, Honduras, con destino a Estados Unidos. En la medida de sus posibilidades, la caravana (que en un momento sumó 7 mil personas) se mantuvo unida, hasta que el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, incumplió su promesa de poner a su disposición autobuses que los trasladarían a la capital.

Una vez más, la caravana se fusionó. No sólo físicamente, también en espíritu: la protección es fundamental, se cuidan unos a otros. Y no es para menos, saben de los riesgos y peligros que corren en México, sobre todo conforme se acercan al norte.

“Con eso de los zetas y los narcos”, manifestó una joven migrante. Pero el riesgo vale por el terror y la violencia que los expulsó de su país. “Si las maras te fichan, estás perdido. Huyes o mueres”, agregó un joven que busca llegar a Miami.

Por la noche, en una asamblea se discutía el futuro de la caravana y las rutas que tomarán en los siguientes días.

Los dichos de Donald Trump acerca de que la caravana está compuesta por delincuentes, los migrantes responden con acciones. Agárrenlo, es un ladrón, gritó alguno. De pronto los esfuerzos se concentraron en capturar a un chico no mayor de 20 años que zigzagueaba entre los campamentos luego de presuntamente arrebatarle el celular a una joven.

Su habilidad casi lo libra de las decenas de perseguidores. Lo detuvieron y parecía que lo lincharían, pero… No le peguen, llévenlo a la policía, se escuchó.

Llegaron representantes de derechos humanos y uniformados y pidieron la presencia de la denunciante, quien ratificó haber sido víctima del delito. “Aquí no hay ladrones. El rata que se vaya para atrás (deportado)”, sentenciaron algunos desplazados.

Las condiciones y la organización han mejorado. Se instalaron más comedores, tinacos de agua, sanitarios exclusivos para niños y mujeres, servicios de asistencia jurídica para orientarlos sobre las formas de solicitar asilo en México o en Estados Unidos –algunos piensan quedarse en el país– y actividades lúdicas, incluso una can-cha inflable de futbol, varios centros de recarga de celulares y espacios para la diversión infantil.

Lulú jugueteaba entre las colchonetas. Es una cachorrita mestiza que Óscar adoptó a su paso por Juchitán, Oaxaca.

Un grupo de migrantes la olvidó para conseguir un jalón, y él, como amante de los animales, no pudo dejar que corriera el riesgo de ser atropellada. Ya no la suelto, ya me encariñé. Me voy con ella hasta Estados Unidos.

El mejor negocio es la venta de cigarrillos. A cinco pesos la pieza. Fúmele, fúmele, gritan para atraer a los clientes. Es una opción para hacerse de algunos pesos y así seguir juntando dinero para el resto del camino, que aún es largo.

Información La Jornada.

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