Rinden homenaje a la activista María Alicia Martínez Medrano

Durante el homenaje a María Alicia Martínez Medrano, en el Museo Nacional de Culturas Populares, actores del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena, la mayoría alumnos de la maestra, realizaron una lectura dramatizada de la obra Los alaridos, con la que Martínez Medrano obtuvo el Premio Nacional de Teatro en 1968

Durante el homenaje a María Alicia Martínez Medrano, en el Museo Nacional de Culturas Populares, actores del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena, la mayoría alumnos de la maestra, realizaron una lectura dramatizada de la obra Los alaridos, con la que Martínez Medrano obtuvo el Premio Nacional de Teatro en 1968.

México. La activista social, promotora cultural, creadora de instituciones como el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena y de programas en beneficio de niños en instancias como el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, María Alicia Martínez Medrano, fue honrada en el Museo Nacional de Culturas Populares, donde funcionarios y amigos recordaron su trabajo.

Marili era una bomba, lo fue desde que la conocí en la calle de Morena y Gabriel Mancera, donde yo vivía. Fue un ser absolutamente excepcional y sabía lo que quería, dijo la escritora, periodista y premio Cervantes Elena Poniatowska, quien acudió a un conversatorio en el que participaron la socióloga y catedrática Raquel Sosa y la crítica teatral Luz Emilia Aguilar Zinser, quien adelantó que está listo un libro con una amplia investigación alrededor de la vida y labor de Martínez Medrano, quien falleció el pasado 2 de febrero, pero no han encontrado una editorial que se interese en publicarlo.

Al respecto, Poniatowska dijo: Ustedes no deberían sufrir ni pedir limosna para que se publique semejante libro acerca de un personaje esencial de la vida de todos nosotros. Este trabajo se titula Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena 40 años de historia, precisó la fotógrafa Lourdes Grobet.

Mujer insobornable

Luz Emilia Aguilar Zinser destacó que María Alicia Martínez Medrano es un fenómeno de acumulación de indignación, era insobornable. Tuvo gran capacidad de dialogar con el poder cuando éste iba de la mano con lo que ella buscaba; su vida fue una acumulación de traiciones, parecía que hacer bien las cosas estaba mal, se le cobró mucho hacer en las cosas y era tal la revolución que podía causar que daba miedo.

La crítica teatral añadió que si sus proyectos se hubieran realizado, este sería otro país. Veía el teatro como vehículo de transformación a partir de la actitud corporal de las personas, parte de su metodología era una transformación del lenguaje corporal. María Alicia lo primero que hacía era pedir a sus actores y actrices que la miraran a los ojos y levantaran el cuerpo. Al estudiar la evolución del actor en México la imagen en el teatro prehispánico, pagano y religioso nos muestra a un pueblo erguido, y después del teatro de evangelización, son comunidades que transforman su lenguaje a la sumisión.

Raquel Sosa pidió no desprenderse de la obra de la homenajeada. Está viva en nosotros, aun con quienes no conocieron su amor por los niños, su defensa por la dignidad de nuestros pueblos y su sentido de belleza a través de la creación y recreación de obras multitudinarias.

Antes de la plática, que fue moderada por el titular de la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, Alberto Lomnitz, el director general de Vinculación Cultural de la Secretaría de Cultura federal, Antonio Crestani, dijo que María Alicia Martínez Medrano sabía que necesitaba hablar y con su teatro dio voz a los pueblos. El teatro tiene la capacidad de cambiar la sociedad y la maestra fue mucho más allá: involucró e incluyó a la sociedad para transformar la realidad.

Develó realidades subyacentes

Armando Chacha, director general de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, dijo que “existen personas que en el tiempo nos ayudan a reconocer realidades que están a veces ocultas en esos entramados de la sociedad, y esos personajes tienen la característica de entenderlos, comprenderlos y ponérnoslo a la mano, a la vista y nos hacen entender que estas realidades subyacentes son importantes para los seres humanos.

La maestra entendió el tiempo que le tocó vivir y nos lo puso en su obra, nos lo manifestó de distintas maneras y nos brindó este saber de una realidad, una realidad que le tocó vivir y la proyectó. Fue extraordinario encontrar a las culturas originarias, entender su quehacer y relacionarlo con su labor en el teatro y hacer lo que hizo realmente fue algo no sólo transformador sino revolucionario y se refirió a la colaboración que Martínez Medrano tuvo con la promotora Cristina Payán y cómo aportaron una alegría especial al Museo Nacional de Culturas Populares.

Al terminar el acto in memoriam,en el que también se leyeron textos de personas que trabajaron con María Alicia o aprendieron de ella, actores del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena hicieron una lectura dramatizada de la obra Los alaridos,con la que Martínez Medrano obtuvo en 1968 el Premio Nacional de Teatro. Su trabajo se presentó en escenarios nacionales, muchas veces en impresionantes espacios abiertos, y en el extranjero, como el Central Park, en Nueva York, con una versión indígena de Romeo y Julieta.

Información La Jornada.

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