Se cumplen 53 años del asalto que dio inicio a las guerrillas en México

Familiares de jóvenes abatidos por el Ejército Mexicano e integrantes del Comité Primeros Vientos, durante la conmemoración de los 50 años de la creación del Grupo Popular Guerrillero Arturo Gámiz y de los 53 años del asalto al cuartel militar de Madera, Chihuahua, el pasado 11 de septiembre en el panteón municipal de Tesopaco, Sonora.

Familiares de jóvenes abatidos por el Ejército Mexicano e integrantes del Comité Primeros Vientos, durante la conmemoración de los 50 años de la creación del Grupo Popular Guerrillero Arturo Gámiz y de los 53 años del asalto al cuartel militar de Madera, Chihuahua, el pasado 11 de septiembre en el panteón municipal de Tesopaco, Sonora.

Chihuahua, Chih., Un grupo de ciudadanos, familiares, activistas, ex guerrilleros, maestros rurales, campesinos y funcionarios, entre otros, conmemoraron ayer por la mañana el 53 aniversario del asalto al cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua, en 1965, considerado el primer movimiento guerrillero en México.

En el acto, realizado en el ejido llamado Arturo Gámiz, en honor al médico y maestro rural que encabezó ese movimiento y que murió en la incursión, recordaron que el entonces sacerdote de Madera, Roberto Rodríguez Piña, sólo dio la bendición a los soldados que murieron en el ataque, pero no a los guerrilleros.

Inicialmente rindieron homenaje a los ocho sublevados en el Monumento a los Caídos del 65, en esa comunidad serrana, y luego se trasladaron hasta la tumba colectiva, en el panteón de la localidad.

Ahí colocaron una ofrenda floral y recordaron que al amanecer del 23 de septiembre de 1965 ocho jóvenes que formaban el convoy de asalto ‘‘ofrendaron heroicamente su vida al intentar tomar el cuartel militar.

‘‘Ellos, junto con cientos de campesinos, lucharon durante cinco años por el reparto de tierras que, con la complicidad del gobierno, acapararon los latifundistas de esta región serrana.’’

También recordaron al activista Salvador Gaytán, uno de los siete sobrevivientes del ataque, quien falleció apenas hace tres años en un accidente vial en una caravana.

A las 11 de la mañana, ante decenas de asistentes, se inició el ‘‘homenaje a los ocho mártires de Madera’’: Arturo y Emilio Gámiz, Pablo Gómez, Miguel Quiñónez, Antonio Scobel, Óscar Sandoval, Rafael Martínez y Salomón Gaytán.

Tiempo después, los integrantes del Grupo Popular Guerrillero Arturo Gámiz ‘‘eran jóvenes, incluso menores de edad, como los alumnos del Poli (Instituto Politécnico Nacional) y de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), y algunos sobrevivientes del asalto al cuartel militar de Madera del 23 de septiembre de 1965, parte del movimiento agrarista de Chihuahua que optó por la lucha armada e inauguró el ciclo de guerrillas en México.

‘‘Los rancheros y habitantes de la sierra los llamaban estudiantes. Ellos formaron parte de la misma insurrección juvenil que hace 50 años recorrió el mundo levantando banderas de justicia’’, explica en entrevista Jesús Vargas Valdés, historiador e investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) sobre el ataque al cuartel de Ciudad Madera.

El final del grupo llegó el 11 de septiembre de 1968 en la localidad serrana de Tesopaco, Sonora, tres semanas antes de la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre, ‘‘y por orden de los mismos represores que buscaron acallar a los universitarios en la Ciudad de México’’, agrega.

Cinco jóvenes sobrevivientes del asalto al cuartel de Madera (Óscar González Eguiarte, Juan Antonio Gaytán, Salvador Gaytán, Guadalupe Scobell Gaytán y Ramón Mendoza) reanudaron las acciones guerrilleras en la sierra de Chihuahua después de 1965, con el descarrilamiento de un tren carguero, la ejecución del caciqueRamón Molina y el incendio de un aserradero en el poblado de Tomóchic.

‘‘Las acciones del 23 de septiembre de 1965 y el Grupo Popular Guerrillero Arturo Gámiz, tres años después, son expresiones de un mismo movimiento, resultado de las demandas de dotación de tierras que en 1960 campesinos de la sierra de Chihuahua presentaron al presidente Adolfo López Mateos, pero por oposición de caciques locales y de la compañía forestal Bosques de Chihuahua las autoridades agrarias no las cumplieron’’, expone Vargas Valdés.

La negativa a conceder el reparto agrario por presión de un grupo de capitalistas chihuahuenses asociados al ex presidente Miguel Alemán, quienes compraron una concesión de un millón de hectáreas para explotación forestal, orilló a los rancheros de la región de Madera y habitantes del bosque a optar por la vía armada, que en 1965 encontró el respaldo de jóvenes universitarios en las ciudades de Chihuahua y Juárez, además de estudiantes de normales rurales.

‘‘El movimiento de Madera une a campesinos sin tierra que estaban sometidos al cacicazgo y abuso de dos grandes latifundios: Bavícora y Ferrocarril del Noroeste (Bosques de Chihuahua), los cuales tenían gran poder y no permitían que se resolviera el problema agrario.

‘‘Los campesinos encuentran su complemento en los estudiantes de las escuelas normales rurales y universitarios, quienes salen a las calles para apoyar e integrarse a las marchas y movilizaciones de la Unión General de Obreros y Campesinos de México’’, explica sobre la relación entre el movimiento estudiantil de 1968 y el Grupo Popular Guerrillero Arturo Gámiz.

‘‘La juventud deseaba hacer algo, quizá sin tener claro qué ni cómo. En Chihuahua, al iniciarse la década de 1960 hay una gran actividad de estudiantes normalistas y universitarios. Eso se empata con el movimiento agrario y alimenta la base social de los guerrilleros que atacaron el cuartel de Madera.’’

Vargas Valdés apunta que después de la matanza de Tlatelolco y el fin del Grupo Popular Guerrillero Arturo Gámiz, la guerrilla cobra mayor relevancia como opción para los jóvenes.

‘‘El 23 de septiembre vemos un grupo de 13 guerrilleros, pero atrás hay cientos de campesinos y estudiantes que no alcanzan a expresarse porque el primer objetivo, la toma del cuartel, no se cumplió. Otros no encuentran la vía o las condiciones para unirse a la guerrilla”

‘‘En 1965 sus armas eran casi inservibles. No hay más combatientes porque no hay armas, pero la guerrilla tenía una gran base social de simpatía, tanto, que los cinco sobrevivientes del asalto se salvaron gracias a la protección de la gente.

‘‘No hubo un solo delator y la ruta de salvación incluyó el apoyo de rancheros, gente de la sierra y estudiantes de las ciudades.’’

Información La Jornada.

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