Sinaloa: agoniza industria del camarón

camarón

Foto ilustración.

Navolato, Sin., En esta entidad la industria del camarón de captura languidece, se muere. Y de su crisis, los pescadores ribereños culpan a los de alta mar, a las granjas acuícolas y al gobierno federal por el abandono del sector, la mala gestión de los programas y subsidios, la corrupción en la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), los altos costos, las inadecuadas prácticas agrícolas, la pesca ilegal, la piratería, el cambio climático y la sobrexplotación.

México está entre los primeros 10 países productores de camarón en el mundo, pero quienes capturan en los esteros se han quedado al margen tanto en volumen como en rendimientos.

Con inocultable pesimismo anticipan el fin de una industria que todavía a finales del siglo pasado les permitía hacer rumbosas fiesta en los campos pesqueros (pueblos) y parar las embarcaciones hasta dos meses. Y no por la veda, pues no existía; era sólo para descansar. Así era de buena la producción…, evoca Fernando Verdugo Jiménez.

Cuando aún falta un mes para el cierre de la temporada, cientos de pangas (lanchas) están atracadas: Los pescadores hablan de los viejos tiempos, los de alcanzar entre 30 y 80 kilogramos por marea. Hoy, a lo sumo consiguen entre seis y ocho kilos y los costos no compensan esos exiguos volúmenes.

Ante esto, muchos pescadores de estero –el eslabón más débil en la pesquería del camarón del Pacífico– abandonan sus aparejos y salen a buscar otros trabajos. Además, la mayoría de los muchachos herederos de la tradición no aprenden ni les interesa el oficio.

Conflictos y deudas ahogan a cooperativas y federaciones

Conflictos internos y deudas ahogan a las federaciones y a las cooperativas. Casi todas tienen pasivos con el Instituto Mexicano del Seguro Social y se les ha suspendido el servicio médico, y las esperanzas de jubilarse se esfuman.

Algunos ya no le ven remedio: “El negocio ya no existe, ya no tenemos qué agarrar. Estamos sobrexplotando el recurso. Hoy no se respetan las disposiciones legales, el manglar se está destruyendo y la bahía está cada vez más azolvada.

Además, los agricultures no tratan en forma suficiente sus aguas residuales y éstas llegan a los drenes con muchos químicos de la fertilización, las granjas acuícolas en sus procesos de bombeo matan larva y se está perdiendo el equilibrio de salinidad para el desarrollo del crustáceo, resume Bernardo Cárdenas, de la cooperativa El Castillo.

En este campo pesquero y en la agrupación Costa Azul, en Angostura, el clamor es uno: la pesca del camarón está sobrexplotada.

Mauricio Espinoza, hombre curtido por la pesca, lamenta: “Antes los pescadores se autovedaban cada cuarto de luna durante tres días para dejar descansar la bahía. Ahorita sólo trabaja entre 20 y 30 por ciento de la flota. Si un día salieran todas las pangas, de seguro no nos tocaba ni de un camarón a cada una…”

No parece una visión catastrofista: en su lancha trae apenas una docena de camarones que logró en la hora y media que lleva pescando.

Denuncian, pero también plantean salidas

Unos 30 cooperativistas accedieron a narrar su problema. Se arrebatan la palabra. Denuncian, pero también plantean salidas: urge reordenar el sector, acabar con la sobreventa de permisos y la clonación de números en las pangas.

Combatir a los libres (captura furtiva), vigilar el cumplimiento de la norma de no pescar antes de las cinco brazas, evitar que los camaroneros de altura invadan los esteros (si bien de esto mismo se quejan aquellos de los ribereños, aunque en sentido inverso) y regular más la acuacultura.

Los tres tipos de producción tienen una sola coincidencia: urge fomentar una pesca sustentable, que no dañe el ecosistema…

El panorama es el mismo a lo largo de este litoral: campos pesqueros solitarios, con casas en ruinas, mucha pobreza y desintegración social.

La división en las cooperativas es constante y son víctimas de la corrupción que –aseguran– hay en la Conapesca. El único inciso que sirve para los apoyos es el k-i-t (caite), dice sin sarcasmo otro de los pescadores de El Castillo.

En Costa Azul, es igual: “Cuando solicitamos un proyecto para diésel, infraestructura o larva, sólo llegamos hasta el folio. Hay mucha corrupción. En moches se queda en el camino el apoyo del gobierno”.

José María Benítez, apunta: “Desde hace dos años el precio del camarón ha caído. El coyotaje se pone de acuerdo. Son los grandes compradores con centros de acopio y congeladores. Claro, al consumidor nunca le bajan. La pesca ribereña y la pequeña acuicultura tienden a desaparecer…”.

Es difícil distinguir si el pescador de aquí es extrovertido o en eso lo convierte su ruina. Cada uno ilustra la complejidad de la crisis. Pero otros perseveran: Esta guerra la tenemos que ganar entre todos.

Información La Jornada.

Shortlink: