Un observador francés habla de México

Vilma Fuentes

Los franceses les interesa mucho México. Desde luego, este interés varía según las preferencias de cada quien. Para algunos es el tequila, para otros, son las pirámides, pero los más agudos y curiosos tratan de informarse sobre la identidad real de un país situado al otro lado del océano Atlántico, al cual sueñan poder descubrir algún día. Numerosos amigos, simples vecinos o periodistas reconocidos, trabajadores u hombres de negocios, escritores o comerciantes, me interrogan, siempre con verdadera curiosidad y benevolencia. Es inútil citar una lista de nombres, ya que este artículo no es una agenda de direcciones ni una página de sociales.

Las cuestiones que surgen más a menudo son: ¿Es verdad lo que se dice de la violencia?, ¿México es un país peligroso?, “¿Son intocables los narcos, los feminicidas?”, ¿Cómo va a evolucionar la nación?, ¿Cuál es su futuro; cuáles cambios se prevén?Es reconfortante ver que, más allá de los reductores clichés tradicionales y superficiales, cuando no racistas, del tequila, la hamaca y el sombrero, ciertos interlocutores franceses se plantean en ocasiones las mismas preguntas que se hacen también los mexicanos.

Existen, evidentemente y como de costumbre, quienes saben todo de antemano, en particular los encantadores intelectuales que no plantean las cuestiones sino para darse la oportunidad de expresar sus brillantes respuestas bien preparadas. Por fortuna, hay también personas, más modestas y, sin duda, más profundas, que reconocen no saber. Dudan. Actitud propiamente filosófica y primera regla de La Méthode de René Descartes.

Mi amigo Robert, excelente periodista de un gran diario vespertino en Francia, se interroga mientras tomamos un café en la terraza del bistró a donde tenemos la costumbre y el gusto de encontrarnos.

“Finalmente, ¿quién tiene verdaderamente el poder en México? ¿El Estado o los narcos?” Robert no teme decirme lo que piensa, es su concepción de la amistad y también la mía. Luego, acaso para suavizar la brutalidad de sus preguntas, agrega: Es innegable que los clanes de narcotraficantes cometen crímenes espantosos, pero ocurren matanzas, si no peores, en otros países, para comenzar en el vecino, Estados Unidos, donde la venta desenfrenada de armas termina de manera regular en una masacre. Sin embargo, los traficantes mexicanos parecen tan poderosos que cabe preguntarse si no detentan el verdadero poder. Como Robert viaja de un lado a otro del planeta, en tanto corresponsal de su diario, se halla bien informado de lo que pueden costar investigaciones realizadas por periodistas heroicos en el medio de los cárteles y conoce bien el trágico destino de Miroslava Breach y Javier Valdés, dos corresponsales de La Jornada asesinados. Así, Robert se pregunta qué podrá hacer el próximo presidente de México para restaurar el poder de Estado, el cual le parece fragilizado.

Como la mayoría de la opinión pública en Francia, mi amigo no aprecia la política del presidente actual de Estados Unidos, Donald Trump. Desde este punto de vista, piensa que López Obrador sería el opositor más eficaz contra Trump, y se felicita por ello: “Si la imaginación puede llegar al poder, como soñaban los estudiantes de mayo del 68, es él quien mejor corresponde a ese ideal en la situación actual. Pero la imaginación es a menudo el dominio de los soñadores solitarios, como sugiere el título de un libro de Jean-Jacques Rousseau: Les rêveries du promeneur solitaire. ¿Has notado que la palabra soledadaparece en los títulos de dos magníficos libros, uno de Octavio Paz y otro de García Márquez: El laberinto de la soledad y Cien años de soledad? No deja de asombrarme que autores originarios de países y culturas donde los habitantes son tan abiertos y alegres, que hablan sin resquemores con todos y cantan fácilmente juntos, dejan resonar la palabra soledad en el centro secreto de su corazón y su pensamiento. Es quizás eso el verdadero misterio”.

Fuente: La Jornada.

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