Uri Avnery: in memoriam

opinión

Hace unos años intercambiamos unos mails.

Sé que ya lo dije la vez pasada y que me estoy repitiendo.

Pero si regreso a este recuerdo –por más pequeño que sea…– y sus personajes: Avnery, Said, Arafat (véase: parte I, en: La Jornada, 7/9/18)–, es por algo (créanme por favor).

Es que me acordé que hablando de Said –sobre el cual lo indagué tan imprudentemente–, el viejo Uri también me dijo esto: Nunca le perdoné por completo no haber regresado a Palestina después de Oslo.

Desde luego la prensa en estos días estaba llena de notas sobre el 25 aniversario de los acuerdos de paznegociados por israelíes y palestinos en Noruega y firmados el 13 de septiembre de 1993 en Washington que –en su mayoría– parecían obituarios tardíos. Pero cuando Said –recordémoslo–, para quien Oslo nació muerto, ya hace 25 años escribió su propio y bien argumentado certificado de defunción –viendo en los acuerdos sólo “un instrumento de la rendición, un ‘Versalles palestino’”– se le tildó de aguafiestasextremista y enemigo de paz.

Avnery también estaba en este coro, aunque aparentemente prefirió morderse la lengua (le creo –como dijo en otro lugar–, que a pesar de un antagonismo bastante desagradable que desarrollamos yo nunca hablé mal de él en público).

Para opinar que Oslo era sólo un reino de ilusiones y un rempacamiento de la ocupación a Said le bastó leer lo firmado (al final él era muy bueno en leer los textos): nada sobre el futuro Estado palestino –surgiría según el avance del proceso de paz–, nada sobre la autodeterminación, nada sobre la soberanía, ni el fin de los asentamientos judíos.

Cuando en 1992 visitó los territorios ocupados –su primera vez en Palestina desde que emigró en las vísperas de la Nakba– vio como la solidez del control militar y de los asentamientos ilegales hacían la solución de Dos Estadossimplemente inviable.

Por eso se opuso a Oslo.

Por eso fustigó a Arafat (“el jefe de un régimen ‘estilo Vichy’” que subcontrató la ocupación del poder colonial).

Por eso nunca quiso regresar.

Avnery también lo veía todo. Por décadas. Incluso más de cerca. Pero a pesar de que los asentamientos crecían, las pláticas de paz se estancaban y Oslo moría –junto con el asesinado Yitzhak Rabin– él seguía defendiendo los acuerdos, la solución de Dos Estados y a Arafat, aunque –curiosamente–, de Mahmud Abbas escribía igual que Said sobre su predecesor: “el jefe de un régimen ‘estilo Vichy’”…

Así no extraña que la mejor –creo yo– paralela de Oslo es de su autoría. A veces uno podría discutir con sus conclusiones, pero sus imágenes siempre eran irresistibles (al final él era muy bueno en describir las cosas).

“Todo –decía Avnery en una entrevista de 2017, mientras detrás de él lucía sintomáticamente la conocida foto de Rabin, Clinton y Arafat en los jardines de la Casa Blanca que tanto circulaba en la prensa en estos días…– se parecía al debate entre Marx y Lassalle: el segundo decía que primero había que organizar las asociaciones de productores, tomar fábricas y luego pensar en la revolución y la abolición del capitalismo; el primero argüía que era un error terrible: una vez se tiene a la gente organizada así, todos piensan en la situación cotidiana, pierden el interés en la revolución y se vuelven colaboracionistas del régimen (el capitalismo)”.

“La historia –decía Avnery– le dio la razón a Marx”.

Y continuaba: “Desde el punto de vista palestino Oslo representaba el mismo dilema: había quienes primero querían organizar a la gente y ‘sembrar las semillas’ [Arafat] y quienes decían que una vez pones el gobierno autónomo en los territorios ocupados y ‘entras en el juego’ ni te das cuenta cuando te vuelves colaboracionista del ocupante” [Said et al.].

Todavía no está claro quién tuvo la razón…, decía titubeando un poco Avnery como si temiera a abrazar enteramente a su propia paralela, pero la historia –digámoslo claramente– ya le dio la razón a Said.

Lo admitió también Avi Shlaim, un destacado historiador israelí, al escribir que su análisis tenía una exactitud casi profética y que al final fue él y no yo [Shlaim, igual que Avnery, era un arduo proponente de Oslo] quién tuvo la razón.

Para llegar a esta conclusión Said tomó su tiempo y ajustaba sus ideas a la cambiante realidad: en principio abogaba por un Estado binacional, luego al acercarse a Arafat (sic) apoyó la idea de Dos Estados para abandonarla al último momento y volver a la de Uno; recorrió un círculo completo. A Avnery le pasó algo parecido: en principio postulaba una variante de la solución de Un Estado; después de 1967 apoyó y propagaba la de Dos.

¿Será que unos años más y cambiaría (otra vez) de idea? Al distanciarse del cadáver de Oslo, abrazando a Un Estado –post- apartheid y post-colonial–, y haciendo un círculo completo como Said, revisando quizás de paso su mirada sobre 1948 ( Nakba), que –admito– es mucho pedir, pero como él era –según su famoso credo– siempre optimistaa mi, optimistamente, me gusta pensar que lo hubiera podido hacer si tuviera unos años más, pues decía que iba a vivir 100 y le faltaron unos pocos… ¿Será?

Maciek Wisniewski*/II Y Última, periodista polaco

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