Vergonzosa suspensión de la final Boca-River de la Copa Libertadores

  • Atacan autobús y lesionan a jugadores xeinezes
  • Tras horas de caos, confusión y reuniones entre Conmebol, clubes y FIFA, se reprogramó para hoy
El capitán Pablo Pérez (arriba) fue uno de los más afectados en el ataque al camión de Boca Juniors por parte de aficionados de River Plate, quienes lanzaron piedras y gas lacrimógeno, mientras el vehículo arribaba al estadio Monumental. Tras el anunció de la suspensión, los hinchas expresaron su inconformidad y provocaron más disturbios, al tiempo que la cancha espera para definir al nuevo monarca de la Libertadores este domingo. Foto. Afp y Xinhua.

El capitán Pablo Pérez (arriba) fue uno de los más afectados en el ataque al camión de Boca Juniors por parte de aficionados de River Plate, quienes lanzaron piedras y gas lacrimógeno, mientras el vehículo arribaba al estadio Monumental. Tras el anunció de la suspensión, los hinchas expresaron su inconformidad y provocaron más disturbios, al tiempo que la cancha espera para definir al nuevo monarca de la Libertadores este domingo. Foto. Afp y Xinhua.

Buenos Aires. Todo fue caos en Buenos Aires. La final inédita de Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors será recordada no sólo por la rivalidad histórica, sino también por lo atropellado y dramático que sucedió alrededor de este partido. Ayer fue suspendido el juego de vuelta de forma vergonzosa, después de que el autobús que transportaba al equipo xeineze fue atacado por hinchas de River antes de entrar al estadio Monumental. Las piedras y botellas hicieron estallar algunos vidrios del vehículo, lo que provocó lesiones a varios jugadores, también afectados por el gas lacrimógeno que arrojó la policía.

Ese fue el detonante de las siguientes horas de caos, confusión y zozobra de jugadores, directivos y aficionados, incluso el mundo atento a una final rodeada de incertidumbre, mientras afuera del estadio crecía la hostilidad.

Máxima tensión

Custodiado por policía motorizada, el autobús de Boca Juniors enfilaba al Monumental cuando en una esquina abarrotada de hinchas de River los atacaron, volaron piedras y otros objetos que dieron en los vidrios. Las hordas persiguieron al vehículo que salía a toda velocidad. La situación alcanzó niveles de máxima tensión, cuando los policías trataron de repeler a los agresores con gas lacrimógeno que entró al autobús, lo que provocó que algunos jugadores se lanzaran al suelo.

La llegada de los futbolistas de Boca resumía la tensión del momento: Carlos Tévez, entre otros, avanzaba con dificultad, tosía y se cubría lo ojos irritados de forma severa; algunos como Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo sufrieron lesiones oculares.

Entonces empezó otra batalla entre los que se oponían a jugar en esas condiciones y quienes insistían que debía llevarse a cabo el partido. Guillermo Barros Schelotto, entrenador de Boca, advertía que en esas condiciones no podían jugar.

El clima se tensó por completo, ya que el director técnico de River, Marcelo Gallardo, se solidarizó con Boca y reconoció que el partido no se podía disputar, pero Alejandro Domínguez, dirigente de la Conmebol, y Gianni Infantino, el presidente de la FIFA –que vino exclusivamente a ver la final–, insistían en que se se realizara.

Después de horas de angustia e incertidumbre, la Conmebol accedió a postergarlo por escasas horas, así que el encuentro que estaba previsto para las 17 horas locales se retrasó primero para las 18 y después para las 19:15, pero la situación afuera de la cancha se seguía agravando.

Para entonces, los jugadores Pablo Pérez –con cortes en el brazo– y Gonzalo Lamardo ya habían sido llevados a un hospital, donde se les diagnosticaron lesiones en la córnea producto del gas lacrimógeno y los fragmentos de los cristales.

Los jugadores Carlos Tévez y Fernando Gago, por su parte, dejaron un rato el vestuario para denunciar que los querían obligar a jugar aunque no había ánimo ni mínimas condiciones para salir a la cancha.

Nos están obligando a jugar el partido en estas condiciones, con tres compañeros que no están bien físicamente, dijo Tévez a periodistas: quedamos expuestos ante el mundo, esta es la verdad. Para nosotros las condiciones no están dadas.

El segundo capitán del plantel, Fernando Gago, coincidió en que no es la mejor forma de jugar un partido con lo que hemos vivido.

En el estadio, más de 60 mil asistentes esperaban con paciencia, y en algunos casos con miedo, a que se definiera el futuro del partido, mientras en las redes muchos recordaban la insistencia del presidente Mauricio Macri para que la final se disputara con público visitante a pesar de los riesgos de seguridad.

En medio de la incertidumbre por la realización del partido, afuera del Monumental comenzaron los choques de la policía contra grupos que arrojaban piedras y querían colarse al estadio sin entradas, y que fueron repelidos con los toletes, balas de goma y detenciones en masa.

Las fallas de los operativos de seguridad que rodearon la organización del partido tienen, además, impacto internacional, ya que demuestran graves deficiencias a sólo seis días de que decenas de jefes de Estado y de gobierno se reúnan aquí en la Cumbre del G20.

Al final, se anunció la suspensión tras una reunión entre Infantino, Domínguez y los presidentes de los clubes. El duelo se postergó para este domingo 25 de noviembre a las 17 horas de Buenos Aires (14 horas Ciudad de México).

Hubo un acuerdo entre los presidentes de los clubes, dijo Domínguez; uno de los equipos no puede jugar en estas condiciones y el otro no quisiera ganar en una situación como ésta. No vamos a aceptar lo que sucede ahora, esto no es una guerra, es futbol.

En cuestión de minutos el público empezó a salir del estadio con la decepción, tristeza o rabia reflejada en el rostro.

A la postergación del duelo, se sumó la cancelación del Monumental por parte de la Alcaldía de Buenos Aires, por exceso de público y obstrucción en las vías de acce-so y salidas del estadio. Excedió la capacidad de personas permitidas y por eso la clausura es efectiva. Sin embargo, mañana (hoy) podría levantarse, aseguró el jefe de la Agencia Gubernamental de Control de la alcaldía, Ricardo Pedace.

Con información de: La Jornada.

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